Una macroeconomía en estado permanente de tensión
La economía argentina enfrenta un dilema que ya no parece transitorio: las inconsistencias del modelo se acumulan y retroalimentan, configurando un escenario de fragilidad estructural. El documento revela que los errores de diseño no se corrigen con el tiempo, sino que profundizan las tensiones y hacen más costosa su resolución.
La primera inconsistencia es la inflación en dólares. El atraso cambiario utilizado como ancla inflacionaria encareció la producción local y deterioró la competitividad industrial. Desde el inicio de la gestión, Argentina acumuló un 54% de inflación en dólares frente al 8% de Brasil, lo que limita exportaciones y desalienta el turismo receptivo.

La segunda inconsistencia son las tasas de interés récord. La política monetaria rompió el mecanismo del crédito: las tasas activas superan en más de 50 puntos la inflación, generando mora récord en las familias y paralizando el consumo. El crédito, motor del crecimiento hasta 2025, se frenó abruptamente y permanece estancado.
La tercera inconsistencia es el equilibrio fiscal en tensión. El ajuste regresivo redujo ingresos disponibles y consumo, debilitando la recaudación. El superávit fiscal se perdió en junio de 2026, mostrando que los rendimientos del ajuste son decrecientes: recortar más gasto solo profundiza la recesión sin mejorar las cuentas públicas.
Las tres tensiones se retroalimentan: la inflación en dólares erosiona la oferta, las tasas récord restringen la demanda y el ajuste fiscal reduce ingresos. El resultado es menor actividad, empleo y recaudación, en un círculo vicioso que compromete la estabilidad.
El informe concluye que la macroeconomía argentina no transita hacia la estabilidad, sino que permanece atrapada en un estado de tensión permanente. La salida exige un cambio de orientación: acordar con el sistema financiero la baja de tasas, recuperar la mora y fortalecer servicios públicos para recomponer ingresos y actividad.
