Liberar de impuestos, fue una ilusión para muchos, pero solo se liberaron los mas ricos, los de mayor poder, y se hizo de clase alta para arriba. La reflexión que circula hoy en la sociedad es brutal en su simpleza: “Si no arreglan rutas, si no atienden la salud, si no aportan a la educación, si no controlan nada, si no hay para los jubilados, si el Estado no hace nada, ¿para qué pagamos impuestos?”. Hoy el recorte que este gobierno hizo de impuestos a las riquezas, a los autos mas caros, a los empresarios del circulo rojo, no hizo mas que convertirlo en uno de los puntos por lo cual la recaudacion cayo abruptamente, ademas de la caida en las actividades comerciales y productivas.
La legitimidad del sistema tributario se evapora porque las leyes que lo sostienen nacieron de un pacto social: pagar impuestos era financiar a quienes nos cuidaban, los estamentos del Estado. Pero cuando ese Estado se retira de sus funciones esenciales, la pregunta deja de ser retórica y se convierte en un cuestionamiento existencial. Inclusive bombardea permanentemente incumplimientos constitucionales.
El Gobierno insiste en recaudar más, aunque la política recesiva enfría la economía y achica la base imponible. La paradoja es evidente: se busca sostener el equilibrio fiscal con menos ingresos y más presión, un esquema que recuerda al “uno a uno” de los noventa y al colapso de 2001. La memoria de Fernando de la Rúa, perdido frente a su gabinete, mirando cuadros mientras el país se incendiaba, vuelve como advertencia.
Hoy, de otra manera, se repite el mismo error: un poder político que no escucha, que se encierra en su dogma y que confunde estabilidad con parálisis. El resultado es un Estado ausente, una sociedad descreída y un contrato social que se resquebraja cada día un poco más.
Ademas vivimos un permanente relato que trata de ocultar la realidad. La fuerte caída de la industria(-5%) y la construcción (-4,6%) en julio -con datos del Indec que confirman una importante contracción interanual- se conjugan con la destrucción del empleo formal, el deterioro de los ingresos y la caída del consumo. La actividad económica no repunta como se esperaba y ya quedó trunco el pronóstico que hizo Luis Caputo en abril, cuando dijo que se venían “los mejores 18 meses que se hayan visto en décadas”.
Pero segun el Ministro de Economia, "todo va bien", y que va a decir, si trata de seguir pateando para adelante el tiempo de su gestiòn para seguir apropiandose para el y sus amigos de recursos de cada uno de nosotros. No hay plan de futuro de progreso para todos los argentinos, sin produccion, sin valor agregado, sin campo, sin industria, sin pymes, ¿que futuro puede haber ?

