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mayo 8, 2026

El testimonio de Diego Cabot volvió a sacudir la causa Cuadernos

El testimonio de Diego Cabot volvió a sacudir la causa Cuadernos y dejó expuestas las debilidades en el origen de una investigación que durante años fue presentada como una verdad indiscutible. Lejos de despejar dudas, la declaración del periodista en el juicio oral abrió nuevos interrogantes sobre la procedencia del material, la inexistencia de una cadena de custodia formal y la manera en que los cuadernos terminaron convertidos en eje central de uno de los expedientes judiciales más explosivos de la política argentina.

La audiencia, transmitida públicamente, mostró con crudeza algo que las defensas vienen denunciando desde hace años: el caso nació fuera de cualquier procedimiento judicial regular y se construyó a partir de un circuito informal plagado de zonas grises.

Según relató Cabot, todo comenzó cuando un vecino suyo, Jorge Bacigalupo —policía y allegado al chofer Oscar Centeno— le acercó una caja cerrada con ocho cuadernos, CDs y documentación diversa. No hubo allanamiento, secuestro judicial ni intervención de autoridad alguna. Solo un encuentro privado entre particulares.

“Estábamos los dos solos”, contó el periodista al describir el momento en que abrió la caja con un cuchillo para ver qué contenía. La escena, lejos de reforzar la solidez de la causa, dejó en evidencia un origen absolutamente informal para un expediente que luego derivó en detenciones, procesamientos y condenas mediáticas masivas.

La situación se volvió todavía más delicada cuando Cabot reconoció que los cuadernos originales permanecieron durante meses bajo su control personal, sin ningún resguardo judicial ni peritaje oficial. Admitió además que trabajaron directamente sobre esos originales desde su casa y que el contenido fue transcripto manualmente a planillas digitales elaboradas por su equipo periodístico.

“Trabajábamos con originales en mi casa”, declaró, confirmando que la supuesta prueba central de la causa circuló fuera de cualquier protocolo judicial antes de ingresar formalmente al expediente.

Las defensas pusieron especial énfasis en ese punto: durante todo ese tiempo no existió cadena de custodia, control pericial ni garantía sobre posibles alteraciones, pérdidas o manipulaciones del material.

La propia reconstrucción de los hechos relatada por Cabot alimentó todavía más las dudas. Según explicó, los cuadernos incluso desaparecieron y reaparecieron tiempo después a través de una entrega callejera realizada por una persona desconocida, en un lugar sin cámaras de seguridad.

“Me dijo ‘tengo esto para entregarte y me voy’”, relató el periodista, en una descripción que pareció profundizar las sospechas sobre el recorrido del material más que disiparlas.

Otro aspecto que quedó bajo fuerte cuestionamiento fue la relación entre la investigación periodística y la posterior construcción judicial de la causa. Cabot admitió que durante meses realizó cruces de información, interpretaciones y reconstrucciones narrativas antes de acudir a la Justicia.

También reconoció que eligió directamente al fiscal Carlos Stornelli para presentar la denuncia, evitando el mecanismo habitual de sorteo judicial. Explicó que era el único funcionario de Comodoro Py con el que tenía contacto previo y que incluso se reunió con él en un bar antes de formalizar la denuncia.

Para las defensas, esa secuencia refuerza las sospechas sobre una construcción direccionada del expediente desde sus inicios.

El momento más tenso de la audiencia llegó cuando el abogado Carlos Beraldi interrogó a Cabot sobre el carácter de su libro “Los Cuadernos” y las “licencias narrativas” utilizadas en la reconstrucción de los hechos.

El periodista reconoció que su obra no era una reproducción literal de la documentación sino una “reconstrucción periodística”, organizada y narrada con criterios editoriales. Esa admisión abrió otro frente sensible: hasta qué punto el relato construido mediáticamente terminó condicionando la percepción pública y judicial del caso.

Durante toda su declaración, Cabot sostuvo que los cruces de información le generaron una “convicción muy fuerte” sobre la veracidad de los hechos. Pero justamente allí apareció uno de los puntos más cuestionados por las defensas: una convicción personal o periodística no reemplaza los estándares de prueba exigidos en un proceso penal.

El testimonio dejó así una sensación incómoda para quienes durante años presentaron la causa como una estructura impecable y definitiva. Porque más allá de las acusaciones políticas o empresariales involucradas, lo que volvió a quedar en discusión es la forma misma en que se construyó el expediente: pruebas sin resguardo inicial, circulación informal de documentos, intermediarios, reconstrucciones narrativas y ausencia de controles elementales sobre el material original.

Con el juicio avanzando, el tribunal deberá resolver si los hechos investigados ocurrieron, y si el modo en que se originó y armó la causa cumple realmente con las garantías mínimas que exige cualquier proceso judicial serio.