La crisis política alrededor de Manuel Adorni expone internas, paranoia y un Gobierno cada vez más encerrado en sí mismo
La tensión dentro del Gobierno de Javier Milei ya no se oculta. Lo que comenzó como una defensa cerrada al cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni, terminó transformándose en una guerra interna plagada de sospechas, operaciones cruzadas y acusaciones de traición, mientras la situación económica sigue deteriorándose y el oficialismo parece cada vez más desconectado de la realidad cotidiana de millones de argentinos.
En reuniones reservadas con ministros y dirigentes de confianza, Milei dejó una frase que cayó como una bomba dentro del gabinete: “Antes de que se vaya Manuel, se van a tener que ir todos los ministros”. La definición fue interpretada como un intento desesperado por blindar políticamente a Adorni, en medio de una causa judicial que no deja de sumar elementos comprometedores y que ya genera preocupación incluso entre funcionarios cercanos al Presidente.
Lejos de transmitir tranquilidad institucional, el clima interno refleja un Gobierno atravesado por teorías conspirativas, desconfianza permanente y un creciente aislamiento político. Según reconstruyen fuentes oficiales, Milei volvió a hablar de “complot”, “operaciones” y “traiciones”, convencido de que existe una avanzada coordinada para golpear a su entorno más íntimo.
En la Casa Rosada ya no disimulan que la principal preocupación del Presidente es que el escándalo de Adorni termine salpicando directamente a Karina Milei. “No voy a entregar a Manuel a la prensa. Después van a ir contra Karina”, habría dicho Milei, todavía obsesionado con las derivaciones políticas y judiciales del caso Libra.
Mientras tanto, la interna oficialista se profundiza. Desde el entorno de Karina Milei apuntan directamente contra Santiago Caputo, a quien acusan de alimentar en las sombras las versiones y operaciones contra Adorni. Del otro lado, sectores vinculados al asesor presidencial consideran que sostener al jefe de Gabinete se transformó en un problema político y económico de enorme magnitud.
El ministro de Economía, Luis Caputo, es uno de los que más insiste en privado con que el conflicto está dañando la estabilidad del Gobierno y golpeando la credibilidad del programa económico. En el Palacio de Hacienda admiten que la incertidumbre política afecta expectativas, inversiones y confianza, en momentos donde la economía sigue mostrando señales de agotamiento, caída del consumo y estancamiento productivo.
Sin embargo, el denominado círculo de “los Karinos” sostiene exactamente lo contrario: creen que el problema de fondo no es Adorni, sino el fracaso económico de la gestión. Según esa mirada, si la situación económica mejorara, las denuncias contra el funcionario no tendrían semejante impacto público.
El nivel de enfrentamiento interno llegó al punto de obligar a Milei a intervenir personalmente para contener la crisis. Durante la gira en Estados Unidos, el Presidente le pidió a Caputo que llamara a Adorni delante de toda la comitiva para desmentir rumores sobre supuestas críticas desde Economía hacia la Jefatura de Gabinete.
La escena terminó pareciendo más una ceremonia de supervivencia política que una reunión de gobierno. Tras el llamado, funcionarios y colaboradores comenzaron a vitorear a Adorni mientras intentaban mostrar una unidad que, puertas adentro, hace tiempo parece quebrada.
El problema para Milei es que la situación judicial continúa complicándose. El fiscal Gerardo Pollicita habría considerado que existen elementos suficientes para avanzar en la investigación patrimonial contra Adorni, mientras el juez Ariel Lijo ya tendría documentación vinculada a viajes y gastos cuestionados.
En paralelo, el Gobierno enfrenta otro problema: la creciente dificultad para sostener el relato de austeridad moral mientras se acumulan denuncias, contradicciones y explicaciones poco convincentes sobre viajes, propiedades y movimientos económicos de funcionarios cercanos al Presidente.
La situación también golpea la relación con aliados políticos. Patricia Bullrich quedó nuevamente bajo sospecha dentro del karinismo luego de reclamar públicamente que Adorni presente de inmediato su declaración jurada. En el entorno presidencial interpretaron ese gesto como una señal de autonomía política y hasta como un posible acercamiento táctico con sectores del PRO.
Mientras tanto, otros nombres empiezan a moverse alrededor de una eventual sucesión en la Jefatura de Gabinete. Sondeos informales mencionaron al canciller Pablo Quirno y hasta a Martín Menem, aunque nadie parece dispuesto a ocupar un cargo convertido en una verdadera “silla eléctrica” dentro de un Gobierno marcado por expulsiones, desgaste y crisis permanentes.
En el fondo, la administración Milei empieza a mostrar señales de un problema más profundo: un poder cada vez más concentrado en decisiones emocionales, lealtades personales y relatos de conspiración, mientras la realidad económica continúa golpeando a trabajadores, jubilados, comercios e industrias.
Incluso figuras históricas del establishment económico comenzaron a despegarse. Domingo Cavallo cuestionó duramente el rumbo oficial y puso en duda la consistencia del plan económico de Caputo, al afirmar que el ministro “actúa como un trader” sin una estrategia sólida de largo plazo.
Al mismo tiempo, la Unión Industrial Argentina ya reconoce que el leve repunte industrial de marzo volvió a frenarse en abril y prepara nuevos reclamos por medidas de reactivación frente a una economía que no logra despegar.
En ese contexto, mientras el Gobierno insiste en negar el impacto de la crisis política y judicial, las internas crecen, las sospechas se multiplican y la sensación de desconexión con la realidad empieza a instalarse incluso dentro de sectores que hasta hace poco acompañaban al oficialismo sin fisuras.

