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mayo 5, 2026

Cascada, parrilla premium y dólares en mano

La remodelación de lujo de Manuel Adorni bajo la lupa judicial

Mientras los números oficiales exigen austeridad y “sacrificios”, la vida privada del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, parece transitar por un carril bastante más relajado. Al menos así se desprende de la causa por presunto enriquecimiento ilícito que instruye el fiscal Gerardo Pollicita, donde empezaron a emerger detalles que difícilmente encajen con un ingreso público convencional.

El contratista Matías Tabar, quien declaró bajo juramento, presentó un minucioso listado de refacciones realizadas en una de las propiedades que Adorni sumó recientemente: una casa en el country Indio Cuá. El dato que sobresale no es precisamente menor: la remodelación habría costado 245.929 dólares. Sí, en efectivo, en billetes y —según la propia declaración— sin demasiada intervención de la formalidad impositiva.

De acuerdo al testimonio, los pagos se realizaron en una secuencia que haría sonrojar a cualquier contador: adelantos de 35.000 y 20.000 dólares a fines de 2024, seguidos por entregas de 30.000 en abril, 100.000 en mayo, 30.000 en junio y 50.000 en julio. El saldo final también se canceló bajo la misma modalidad. Todo muy prolijo, salvo por el pequeño detalle de que fue, siempre según el testigo, en negro.

Lo curioso es que el presupuesto inicial rondaba los 94.000 dólares. Pero como suele ocurrir en ciertas obras —y en ciertas gestiones—, los “extras” terminaron más que duplicando el monto original. Entre los trabajos se incluyeron remodelaciones estructurales, cambios de pisos, mejoras en la cocina, renovación de la parrilla, iluminación y mobiliario completo. Nada fuera de lo común… salvo por la escala.

El capítulo más pintoresco lo aporta la pileta: no solo fue reacondicionada con revestimientos de piedra y mármol travertino, sino que además se le sumaron cabezales tipo jacuzzi y una cascada, por la que se habrían pagado 3.500 dólares. Un detalle casi poético en medio de un contexto económico donde la palabra “ajuste” se repite como mantra.

Tabar también explicó que su rol excedía el de simple contratista: actuaba como coordinador general, intermediando con carpinteros y proveedores. Es decir, recibía el dinero en efectivo, gestionaba presupuestos y distribuía pagos. Un circuito aceitado, aunque poco compatible con los estándares de transparencia que el propio Gobierno dice promover.

El nivel de gasto no se detiene en el country. Según la declaración, Adorni también encargó trabajos de carpintería para un departamento en Caballito, adquirido a dos jubiladas. Allí sumó muebles a medida: mesas, racks, vajilleros, consolas y espejos, todos pagados —otra vez— en dólares y en efectivo, entre diciembre de 2025 y febrero de este año.

En conjunto, el panorama que surge del expediente no solo describe una renovación inmobiliaria, sino también un estilo de vida que plantea preguntas incómodas. Sobre todo cuando quien lo protagoniza es un funcionario que, en teoría, debería poder explicar con facilidad el origen de cada uno de esos fondos.

Por ahora, la Justicia intenta determinar si detrás de la cascada decorativa hay algo más que agua circulando. Porque si algo queda claro en esta historia, es que los números no cierran tan fácil como una canilla.