La crisis política alrededor de Manuel Adorni ya no se limita a los tribunales: se metió de lleno en la mesa chica del Gobierno y amenaza con convertirse en un problema difícil de disimular. Según fuentes cercanas a Patricia Bullrich, la exministra volverá a pedirle cara a cara a Javier Milei que desplace al jefe de Gabinete, en medio del avance de la causa por presunto enriquecimiento ilícito.
El planteo, lejos de ser una sugerencia aislada, se repetiría este viernes en plena reunión de Gabinete, con el propio Adorni sentado a la mesa. Una escena que, más que institucional, promete tener un clima espeso: discutir la continuidad de un funcionario delante suyo no parece el mejor síntoma de salud política.
En el entorno de Bullrich no disimulan el fastidio. Aseguran que ya le transmitió su postura al Presidente y que insistirá sin matices. El trasfondo es claro: la incomodidad crece dentro del oficialismo, donde varios empiezan a ver en Adorni un costo político cada vez más difícil de justificar.
La dirigente, además, se mueve con agenda propia y volvió a mostrarse con figuras del PRO, como Mauricio Macri, quien ya había puesto en duda la conveniencia del desembarco de Adorni en la Jefatura de Gabinete. Traducido: las diferencias internas ya no se esconden demasiado.
Puertas adentro, incluso sectores del Gobierno reconocen que las explicaciones públicas de Adorni no lograron apagar el incendio. Y algunas decisiones oficiales —como el cierre durante once días de la sala de periodistas en Casa Rosada— solo alimentaron más sospechas que certezas. “Si tenés pruebas de tu inocencia, las mostrás”, deslizan cerca de Bullrich, en una crítica que apunta tanto al fondo como a la forma.
Del otro lado, la Casa Rosada ensaya una defensa que ya suena automática. Cerca de Milei y de Karina Milei aseguran que no está en los planes desplazar a Adorni. “Hace sesenta días que lo bancan y no va a cambiar”, repiten, aunque admiten en voz baja que el escándalo ya impactó en la imagen del Gobierno.
El problema es que el costo político empieza a escalar. Algunos dentro del oficialismo lo dicen sin rodeos: Adorni quedó pegado a la figura presidencial. “Adorni es Milei, es Karina”, resumen, con una crudeza que deja poco margen para matices.
Mientras tanto, la causa judicial sigue su curso bajo la órbita del juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita. Y aunque en el Gobierno apuestan a que la presentación de la declaración jurada a fines de julio calme las aguas, la política parece moverse a otro ritmo.
Porque si algo deja en evidencia este episodio es que, más allá de lo que digan los expedientes, la verdadera batalla se está librando dentro del propio oficialismo. Y ahí, por ahora, nadie parece tener el control del daño.

