El Gobierno liberó al dólar de los $1.500:
El Ejecutivo decidió soltar el techo informal de $1.500 que venía conteniendo al dólar mayorista, una medida que había obligado a restringir la liquidez y a subir las tasas de interés, afectando el crédito y la actividad económica. Con el tipo de cambio ya por encima de esa referencia, el Gobierno busca un nuevo equilibrio entre dólar, tasas y reservas, aunque asume el riesgo de mayor volatilidad e impacto inflacionario.
Durante agosto, el dólar mayorista cerró en $1.508,50 y llegó a tocar los $1.535. Según consultoras como Wise Capital y GMA Capital, el cambio de estrategia implica dejar de defender un precio puntual para administrar tensiones entre las variables monetarias. Economistas como Leo Anzalone (CEPEC) y Pablo Moldovan (C-P) coinciden en que el Banco Central “aflojó el apretón monetario” porque los costos de sostener el nivel cambiario eran demasiado altos frente al deterioro del crédito y la actividad.
La caución, que había alcanzado un máximo de 37,5%, retrocedió a 20,7%, y las tasas de las Lecap y TAMAR se estabilizaron cerca del 25%. Sin embargo, el alivio monetario implica aceptar un dólar más libre, con el riesgo de que la depreciación se traslade a precios.
Septiembre y octubre pondrán a prueba el nuevo esquema: menor oferta estacional de divisas, mayor demanda de cobertura y un contexto electoral que podría acelerar la dolarización. Las reservas del Banco Central —que suman unos u$s49.791 millones— serán el límite de la estrategia.
En síntesis, el Gobierno cambió de táctica: menos presión sobre el crédito y las tasas, a cambio de permitir que el dólar se mueva con mayor libertad. El desafío será sostener ese equilibrio sin que la inflación vuelva a desbordar.

