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agosto 6, 2026

Golpe de Senado baja las pretenciones oficialistas

Tres gobernadores influyeron en el Senado y le dieron el golpe de gracia a la extranjerización de tierras Sáenz, Jaldo y Figueroa se bajaron del barco oficialista para no pagar el costo político de una iniciativa que ya era percibida como “vende patria”.

El intento del oficialismo de habilitar la venta de tierras a extranjeros se derrumbó en el Senado en cuestión de días. Lo que Patricia Bullrich presentaba como una mayoría asegurada se evaporó bajo la presión social y mediática. Tres gobernadores —Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Rolando Figueroa (Neuquén)— decidieron que no iban a cargar con el costo político de respaldar un proyecto que había mutado en símbolo de vulneración de la soberanía.

Las senadoras Flavia Royón, Beatriz Ávila y Julieta Corroza transmitieron la orden de sus mandatarios: no acompañar el capítulo de extranjerización de tierras. La decisión fue el golpe de gracia a una iniciativa que ya venía tambaleando por las diferencias internas entre Bullrich y Federico Sturzenegger, mentor del proyecto, que rechazaba las concesiones negociadas con bloques opositores.

El gobernador neuquino fue el único en expresarlo públicamente: “No estamos de acuerdo con la extranjerización de la tierra y no vamos a acompañar iniciativas que avancen en ese sentido”, dijo en un video difundido en redes. Sus palabras sintetizaron el clima político: el que votaba a favor quedaba marcado como “vende patria”.

El oficialismo perdió la batalla en los medios y en los pasillos del Congreso. La presión social, el rechazo de la Iglesia, la CGT y las ONG ambientalistas, y el cálculo político de los gobernadores terminaron por aislar a Bullrich. La sesión del 5 de agosto confirmó lo que ya era evidente: la discusión dejó de ser técnica y se convirtió en un test de soberanía.

El fracaso expone la fragilidad parlamentaria del Gobierno y anticipa un escenario de mayor resistencia en los próximos debates. La extranjerización de tierras, convertida en bandera de rechazo, se transformó en un límite político que ni los aliados estuvieron dispuestos a cruzar.