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junio 25, 2026

Un régimen regalón: El Super Rigi

Y asi siguen entregando soberanía, la pregunta es, si el pueblo no se beneficia de sus recursos, ¿quien entonces lo esta haciendo ?

La discusión sobre el “Súper RIGI” no es solo un debate técnico en el Congreso: es un tema que toca fibras muy humanas. Lo que se aprobó en Diputados es un régimen que entrega beneficios extraordinarios a corporaciones tecnológicas extranjeras, con estabilidad fiscal y cambiaria por treinta años, libre disponibilidad de divisas y la posibilidad de litigar en tribunales internacionales por encima de la justicia argentina.

Detrás de esa letra fría hay un impacto directo en la vida cotidiana. Mientras se garantiza a los monopolios un blindaje normativo sin precedentes, millones de argentinos siguen padeciendo ajustes, salarios licuados y servicios públicos desfinanciados. La sensación de desigualdad se profundiza: un país que se convierte en laboratorio de Silicon Valley mientras sus propios trabajadores ven cómo se achican sus derechos.

En la sesión, los aliados del oficialismo —UCR, PRO y fuerzas provinciales— terminaron sosteniendo la iniciativa, pese a las críticas internas. Legisladores como Adriana Serquis advirtieron que el proyecto es “anticonstitucional” y que no impone límites ambientales, mientras Juan Marino lo describió como la creación de una “economía de enclave” que saquea recursos sin generar empleo. Otros, como Maximiliano Ferraro, alertaron sobre el riesgo de una plutocracia que excluya a la mayoría.

El costo fiscal estimado por el CEPA supera los mil millones de dólares anuales, con el mayor impacto entre 2029 y 2033. En palabras de Diego Giuliano, es “un paraíso fiscal en medio del infierno que viven las pymes”. Esa frase resume la contradicción: mientras se construye un régimen de privilegios para unos pocos, la mayoría enfrenta un presente cada vez más difícil.

Humanizar este debate significa reconocer que no se trata solo de cifras o tecnicismos. Se trata de soberanía, de futuro, de la posibilidad de que las decisiones políticas respondan a las necesidades de la gente y no a los intereses de corporaciones extranjeras. El Súper RIGI abre un camino de entrega que compromete varias generaciones. La pregunta que queda flotando es si la Argentina podrá romper alguna vez con esa lógica de dependencia y construir un modelo que ponga en el centro a su pueblo y no a los grandes capitales.