El interior chaqueño sigue sin acceso a un servicio básicomientras la empresa estatal y la gestión provincial acumulan excusas y promesas incumplidas.
La crisis del agua en el Chaco dejó de ser un episodio aislado para convertirse en una emergencia estructural. En los pueblos del interior, los vecinos denuncian que directamente no hay suministro o que el agua llega turbia, con olor y sin condiciones mínimas de potabilidad. Sameep, la empresa estatal que debería garantizar el acceso universal, se muestra desbordada y sin capacidad de respuesta.
El problema no es técnico, es político. La falta de insumos para potabilizar, el deterioro de las plantas y la ausencia de inversión en infraestructura son consecuencia directa del ajuste provincial y de una gestión que prioriza la obra pública de impacto electoral antes que los servicios esenciales. El gobernador fue intimado por la Justicia a garantizar el acceso al agua, pero las medidas nunca se cumplieron.
En una protesta pacífica de vecinos en Puerto Tirol, donde la gente esperaban la presencia de autoridades de Sameep que se habian comprmetido a presentar documentacion y mantener una reunión y explicar la situacion, no solo no aparecieron, sino que Zdero mandó a la policía.

La situación sanitaria es crítica: hospitales y escuelas reportan dificultades para sostener la atención básica, mientras miles de familias se ven obligadas a consumir agua insegura o recurrir a conexiones precarias. El derecho elemental al agua se convierte en un privilegio, y la confianza en el gobierno se erosiona día a día.
El interior provincial, históricamente relegado, paga el costo más alto. La falta de planificación y el recorte de recursos transformaron a Sameep en un símbolo del deterioro institucional. El agua, que debería ser un bien público garantizado, se convierte en la evidencia más clara de un Estado ausente.
La provincia necesita respuestas inmediatas: provisión de insumos, obras de refuerzo y un plan de contingencia que priorice la salud de la población. Mientras tanto, el discurso oficial se agota en promesas y la realidad golpea con crudeza: el Chaco sigue sin agua, y el gobierno provincial no ofrece soluciones.
