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agosto 10, 2026

La deuda como flagelo social: radiografía crítica de la mora en Argentina

Uno de cada cuatro deudores lleva tres meses sin pagar. El mapa de la deuda expone desigualdades territoriales y generacionales, y revela el rol abusivo de las billeteras virtuales.

La macroeconomía muestra indicadores que el oficialismo celebra: inflación en baja, tipo de cambio estable y riesgo país en mínimos. Sin embargo, detrás de esa foto se esconde un drama cotidiano: el endeudamiento creciente de las familias y la expansión de la mora. Según datos del Banco Central, casi 5 millones de personas acumulan atrasos de tres meses o más en sus compromisos financieros.

El Centro de Estudios para la Ciudad (CEC) elaboró un informe titulado Mapa de la Deuda – Radiografía del Endeudamiento en Argentina, que permite geolocalizar la morosidad. Allí se observa que provincias como La Pampa o sectores de Córdoba y Santa Fe registran moras cercanas al 10%, mientras que en Catamarca, San Juan o Santa Cruz los índices superan el 23% y llegan al 25%. La brecha también se refleja dentro de las ciudades: en Buenos Aires, el norte exhibe apenas 7% de mora, mientras que el sur alcanza el 25%.

El análisis revela que la deuda golpea más fuerte en las zonas urbanas vinculadas a la industria, el comercio y la construcción, sectores castigados por la recesión. En contraste, las áreas agropecuarias muestran mejores indicadores. La dispersión territorial se combina con otra desigualdad: los jóvenes concentran los mayores niveles de mora, atrapados en créditos digitales y billeteras virtuales que operan con tasas hasta 100 puntos por encima de los bancos tradicionales.

El problema no es solo económico, sino político. El gobierno libertario sostiene que la mora es “un asunto entre privados”, pero cuando uno de cada cuatro deudores deja de pagar, el fenómeno se convierte en un flagelo social. La desregulación de las tasas de interés en 2024 abrió la puerta a un mercado financiero paralelo que presta a quienes fueron rechazados por los bancos, con condiciones abusivas y algoritmos que fijan tasas personalizadas.

La conclusión es clara: la deuda no discrimina, pero la mora sí. Afecta más a quienes tienen ingresos bajos y a los jóvenes que dependen de créditos digitales para subsistir. El mapa de la deuda expone un país fragmentado, donde la estabilidad macroeconómica convive con la inestabilidad cotidiana de millones de hogares.

La política oficial, al reducir el problema a contratos privados, abdica de su responsabilidad. La mora masiva no es un error individual: es el síntoma de una economía que ajusta por los sectores más vulnerables y de un Estado que se retira mientras el mercado impone sus reglas.