Un hombre fue asesinado a golpes en plena calle del barrio Juan XXIII. La escena expone el deterioro de la seguridad y la expansión de la violencia cotidiana en la capital provincial.
La tarde del viernes se tiñó de sangre en Corrientes. Héctor Benítez, conocido como “Mandíbula”, fue atacado y asesinado en la vía pública, sobre la calle Hortencio Quijano, esquina Callao, en el barrio Juan XXIII. Circulaba en motocicleta cuando fue interceptado por un agresor que lo golpeó salvajemente en la cabeza con un objeto contundente. Murió en el acto.
Vecinos alertaron a la policía y en minutos llegaron efectivos de la Comisaría Séptima, la Brigada de Investigaciones y la División Metropolitana. La fiscal Gabriela Ibarra dirige la causa, mientras se analizan cámaras de seguridad y se investiga a un sospechoso.
El caso conmociona por su brutalidad y por el contexto: Corrientes atraviesa una escalada de violencia urbana que ya no se limita a ajustes de cuentas o conflictos barriales. La falta de presencia policial efectiva y la precarización social generan un caldo de cultivo donde los homicidios se multiplican.
Benítez tenía antecedentes, pero eso no explica ni justifica la ferocidad del ataque. La muerte en plena calle, a plena luz del día, revela una ciudad donde el miedo se volvió rutina y la justicia corre detrás de los hechos.
La investigación busca determinar si el crimen fue producto de una disputa personal o parte de una cadena de venganzas. Lo cierto es que el barrio Juan XXIII, como tantos otros sectores periféricos, se convirtió en escenario de una violencia que el Estado parece incapaz de contener.
El homicidio de Héctor Benítez no es un hecho aislado: es el reflejo de una sociedad fracturada, donde la inseguridad se volvió estructural y la vida perdió valor.

