La vicepresidenta marcó diferencias con el Presidente en Tucumán y reclamó proteger la producción nacional.
En los actos por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia, la vicepresidenta Victoria Villarruel volvió a mostrar distancia con Javier Milei. Llegó sin la comitiva oficial, evitó saludar al mandatario y se ubicó apartada del resto de los funcionarios nacionales. Su mensaje contrastó con el tono político del Presidente: mientras Milei reivindicó la gestión libertaria y sus reformas, Villarruel llamó a “no dejar que las industrias mueran” y a transmitir unidad por encima de las diferencias partidarias.
La titular del Senado sostuvo que “el país aún tiene muchas cosas por las cuales trabajar” y cuestionó la falta de cumplimiento de los diez puntos del Pacto de Mayo. En diálogo con la prensa, enfatizó que la fecha patria debía estar por encima de la disputa política y que la prioridad debía ser generar empleo y acompañar a los sectores productivos.
El gesto de recorrer ingenios y plantas de la industria azucarera en Tucumán reforzó su guiño hacia la producción nacional. “Hay que darle a cada sector productivo la importancia que tiene”, afirmó, en un mensaje que se aleja del enfoque estrictamente político del Presidente y se acerca a las preocupaciones económicas de la población.
La distancia simbólica —no aplaudir el discurso presidencial, mirar a la bandera durante el Himno y evitar el saludo protocolar— se convirtió en un signo político. Villarruel buscó instalar un perfil propio: más cercano a la industria, más enfocado en la unidad y menos alineado con la narrativa oficialista.
El contraste expone una tensión interna en el oficialismo: mientras Milei apuesta a consolidar su proyecto político desde la confrontación y las reformas, la vicepresidenta se posiciona como voz alternativa, con un discurso que interpela directamente a la producción y a la ciudadanía.

