Por Oscar Meza
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil es una noticia histórica para América Latina. Después de cuatro años de gobierno, con el desgaste que naturalmente implica ejercer el poder, Lula consiguió imponerse con casi el 52% de los votos frente al 48% de Flávio Bolsonaro. Es un resultado que celebro profundamente porque representa una señal de esperanza para quienes creemos en un proyecto político basado en la democracia, la justicia social y la independencia de nuestros pueblos.
En un escenario internacional marcado por el avance de las derechas y las ultraderechas, que expresan los intereses de los grandes sectores concentradores de la riqueza, que Brasil, la principal economía de América Latina, haya decidido darle cuatro años más a Lula tiene una enorme trascendencia.
Personalmente, tenía esperanzas de que este resultado se produjera. Había seguido una encuesta que anticipaba una victoria cercana al 52% contra el 48%, prácticamente la diferencia que finalmente se registró. Pero más allá de los números, lo importante es lo que expresa políticamente esta elección.
Quiero destacar especialmente el protagonismo del pueblo brasileño. Mucho se habla, con justicia, de Lula como uno de los grandes dirigentes de América Latina. Sin embargo, esta victoria también pertenece a millones de brasileños que se movilizaron, participaron activamente de la campaña y defendieron en las calles y en las urnas un proyecto político.
La conducción de un gran dirigente es fundamental, pero sin un pueblo organizado y comprometido difícilmente puedan alcanzarse resultados de esta magnitud.
Una señal para la Argentina de 2027
Creo que el resultado de Brasil abre una expectativa concreta para nuestro país. Las elecciones presidenciales de 2027 pueden marcar también un cambio de rumbo político y económico en la Argentina.
Tengo la convicción de que Javier Milei, y especialmente el modelo económico que representa, tendrán serias dificultades para conseguir una nueva victoria electoral. Eso no significa que el triunfo de una alternativa nacional, popular y democrática esté garantizado. Sería un error creerlo.
En Argentina existen sectores conservadores capaces de cambiar sus nombres, sus dirigentes y sus formas de presentarse ante la sociedad, mientras sostienen políticas económicas muy similares a las del actual Gobierno. Por eso considero que la discusión debe centrarse también en los proyectos de país que estarán en disputa.
En este contexto, saludo la reciente reunión de Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y gobernadores vinculados al justicialismo. Más allá de las diferencias que existen entre ellos, encuentro auspicioso que comiencen a construir espacios de diálogo y entendimiento.
La unidad del campo nacional, popular y democrático es una necesidad política. Pero esa unidad debe sostenerse sobre las banderas históricas del movimiento, sobre un proyecto económico y social que defienda la producción nacional, el trabajo, la distribución de la riqueza y la soberanía.
La experiencia brasileña merece ser estudiada con atención. Lula y el Partido de los Trabajadores demostraron la importancia de construir alianzas políticas amplias, capaces de reunir a distintos sectores alrededor de objetivos comunes.
También demostraron que la organización popular sigue siendo una herramienta decisiva para enfrentar a las fuerzas conservadoras.
Brasil y la disputa por un mundo multipolar
Hay otro aspecto de esta elección que considero fundamental y que, a mi entender, no ha recibido suficiente atención. La victoria de Lula fortalece políticamente el papel de Brasil dentro de los BRICS y su apuesta por un orden internacional más equilibrado.
Brasil integra, junto con China, Rusia, India, Sudáfrica y otros países, un bloque que viene ganando protagonismo en la discusión sobre las relaciones económicas y políticas internacionales.
Desde mi perspectiva, ese espacio representa una alternativa frente a las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos y sus aliados. Defiende una visión más abierta al multilateralismo, al respeto por la libre determinación de los pueblos, a la independencia económica y a las posibilidades de desarrollo de las naciones.
La continuidad de Lula constituye, en ese sentido, un respaldo a una política exterior que busca ampliar las relaciones internacionales de Brasil y fortalecer su autonomía.
También interpreto este resultado como una señal política para las expresiones más conservadoras del escenario internacional, entre ellas las encabezadas por Donald Trump en Estados Unidos y Benjamin Netanyahu en Israel. Habrá que observar cómo evolucionan esos procesos, pero considero que lo ocurrido en Brasil demuestra que las corrientes de derecha y ultraderecha pueden encontrar límites políticos y electorales.
Defender la democracia y sostener la esperanza
Tampoco debemos subestimar al bolsonarismo. La derrota electoral de Flávio Bolsonaro no significa que hayan desaparecido los sectores antidemocráticos que existen en Brasil.
La experiencia reciente de ese país demuestra que hay fuerzas dispuestas a cuestionar las instituciones cuando los resultados electorales no las favorecen. Por eso considero indispensable mantenerse atentos y defender el funcionamiento de la democracia y de sus instituciones.
Tengo una enorme esperanza en lo que puede ocurrir durante los próximos años en América Latina y particularmente en nuestro país. Pero esa esperanza debe estar acompañada de organización, participación y claridad política.
El resultado brasileño deja una enseñanza que considero central. Los pueblos pueden modificar el rumbo de sus países cuando encuentran una conducción capaz de interpretar sus necesidades y construir un proyecto colectivo.
En Argentina tenemos por delante un desafío semejante. Recuperar la posibilidad de un desarrollo económico con inclusión social, defender nuestra soberanía y construir una alternativa política que represente verdaderamente los intereses de las mayorías.
La victoria de Lula demuestra que ese camino sigue abierto. Ahora depende de nosotros, de nuestra capacidad de unidad y de la participación de nuestro pueblo, convertir esa esperanza en una realidad para la Argentina.

