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octubre 17, 2026

El pueblo argentino está aguantando demasiado

Por Oscar Meza

La quinta marcha universitaria fue una movilización muy numerosa y muy valiosa. Tuve oportunidad de ver la convocatoria frente a la Ciudad Universitaria, acompañar su paso por la avenida 9 de Julio, frente al Colegio Nacional, y finalmente sumarme a la concentración en el mástil, frente al Banco Nación.

Cuando la marcha avanzó por las calles hizo bastante ruido. Se la vio, se la escuchó y volvió a demostrar que hay una parte importante de nuestra sociedad que está dispuesta a defender la universidad pública.

Participaron docentes, no docentes, estudiantes y distintos sectores de la comunidad que comparten una inquietud totalmente justa y válida. Reclamar para que la juventud argentina tenga la universidad que se merece, la universidad que hemos tenido y que nos ha llenado de orgullo durante tantos años.

Yo provengo de la Universidad Nacional de Córdoba, donde transcurrieron mis primeros años de militancia política. Tengo recuerdos enormes de aquellos tiempos y un respeto sumamente profundo por la juventud universitaria organizada. Creo que ha sido protagonista, a lo largo de nuestra historia, de movimientos populares sumamente valiosos.

Basta recordar el Cordobazo de 1969. Yo todavía estaba cursando quinto año y recién al año siguiente llegaría a la Universidad de Córdoba. Aquella experiencia marcó una etapa fundamental de nuestra historia.

Una conquista histórica que tenemos que defender

La universidad argentina tiene una historia que merece ser respetada. La Reforma Universitaria de 1918 fue uno de los grandes gritos libertarios de nuestra patria, que incluso sirvió para iluminar movimientos universitarios de América Latina y del mundo.

Aquella reforma, que contó con el acompañamiento del presidente Hipólito Yrigoyen, abrió un camino que después el general Perón profundizó cuando, en 1949, estableció la gratuidad de los estudios universitarios.

Esa decisión permitió que buena parte de los hijos de los trabajadores argentinos pudieran ingresar a las universidades. La educación superior se transformó en un elemento de movilidad social real, concreto, palpable, que enriqueció y enorgulleció la historia de nuestra clase media y de los sectores del trabajo.

Por eso considero que esta quinta marcha vuelve a llenar de orgullo a las instituciones democráticas y republicanas de nuestra patria.

Lo que está haciendo el gobierno nacional, acompañado por muchos gobiernos provinciales, entre ellos el de Leandro Zdero en el Chaco, es verdaderamente lamentable.

En nuestra provincia vimos una marcha acompañada por efectivos policiales fuertemente pertrechados. Y en Buenos Aires, una estructura represiva absolutamente desmedida, fuera de lugar, contra ciudadanos que pretendían expresarse con dignidad y reclamar algo tan elemental como el derecho a estudiar.

Me parece vergonzoso que jóvenes universitarios tengan que enfrentar semejante despliegue para defender una conquista que forma parte de nuestra historia desde hace más de un siglo.

Un gobierno que no respeta las instituciones

Lo que estamos viendo demuestra, a mi entender, la profunda vocación antidemocrática del actual gobierno nacional.

Un gobierno que se permite no cumplir leyes votadas por el Congreso de la Nación, que han sido vetadas y vueltas a votar, y que incluso han recibido el respaldo de sectores del Poder Judicial que reclamaron su cumplimiento.

Yo vuelvo a expresar algo que he dicho muchas veces. Este gobierno ha dado sobradas muestras de no respetar las instituciones de la democracia y de la República.

Por eso creo que no solamente debe ser derrotado en las próximas elecciones. Considero que no tiene que llegar a diciembre de 2027. Lo que está aguantando el pueblo argentino, lo que está aguantando la República Argentina, ya es demasiado grave.

Sobran motivos para que las instituciones de la democracia, si realmente funcionan, actúen dentro de los mecanismos constitucionales y garanticen el respeto a las leyes y a los derechos de nuestro pueblo.

Tampoco comparto la idea de que las movilizaciones populares estén perdiendo fuerza. No tengo el ojo tan avezado como para determinar si hubo más o menos gente que en otras marchas. Yo vi prácticamente a los mismos compañeros de siempre y quizás algunos más.

Puede haber habido una concurrencia menor que en otras oportunidades, pero eso no significa que el reclamo haya perdido fuerza. También hay que tener presente que en Buenos Aires se montó una estructura represiva que inevitablemente condiciona la participación de la ciudadanía.

Cambiar el collar, pero no cambiar el perro

Estoy bastante convencido de que algunos de los sectores de poder que han sostenido a Milei durante estos años pueden estar pensando en otras alternativas. No descarto que ellos mismos estén dando luz verde para que algunas cosas sucedan.

Pero eso no me tranquiliza.

Porque esos sectores, los más reaccionarios y los más gorilas, de última lo que están buscando es cambiar el collar, pero no cambiar el perro.

Creo que algunos sectores del verdadero poder argentino e internacional son conscientes de que este gobierno quizás ya cumplió una etapa y no da para más. Sin embargo, no deposito demasiadas expectativas en ellos.

Lo que yo busco es que Milei y todo lo que representa su gobierno dejen de conducir los destinos políticos, económicos y sociales de nuestro país, por los caminos que establece nuestra Constitución.

También habrá que observar lo que suceda con Trump en Estados Unidos y Netanyahu en Israel, porque esos acontecimientos pueden terminar inclinando la balanza en algún sentido. Pero creo que los argentinos y los latinoamericanos no debemos depositar nuestras esperanzas en lo que decidan esos gobiernos.

Nuestra historia demuestra que las grandes conquistas populares surgieron de la organización, de la participación y de la lucha de nuestro propio pueblo.

Por eso valoro profundamente esta quinta marcha universitaria. Porque expresa una voluntad de defender derechos que costaron décadas de lucha y porque demuestra que todavía existe una juventud dispuesta a hacerse escuchar.

Y mientras esa voluntad siga presente, seguirá existiendo una esperanza para nuestra patria.