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septiembre 12, 2026

Milei y el aula vacía: gratitud en palabras, ajuste en hechos

El presidente Javier Milei eligió el Día del Maestro para desplegar un discurso de agradecimiento. “A las maestras y maestros, muchas gracias”, dijo ante un grupo de alumnos, y agregó que “un país funciona igual que un aula”. La metáfora buscó solemnidad, pero choca de frente con la realidad: desde que asumió, su gobierno aplicó un recorte histórico en Educación.

El contraste es evidente. Mientras se presenta como heredero de Sarmiento en un video de inteligencia artificial, la gestión oficial degradó el Ministerio de Educación a secretaría, redujo en casi 50% el presupuesto y eliminó el Fondo de Incentivo Docente. Los maestros, a quienes Milei homenajea en público, perdieron cerca de un 30% de su salario real en menos de un año.

El doble discurso se repite: palabras de gratitud, hechos de ajuste. El informe de la UBA y el Conicet confirma que Educación y Cultura sufrieron un recorte mayor al promedio del gasto nacional y perdieron participación en el PBI. La función educativa redujo su peso en 0,6 puntos porcentuales.

Incluso el vocero Adrián Ravier debió reconocerlo: “Hemos tenido que llevar adelante una reducción del gasto para recuperar el orden público”. La explicación oficial insiste en que el ajuste fue general, pero los resultados negativos de las pruebas PISA y el deterioro salarial docente muestran que el impacto en las aulas es directo.

La paradoja es clara: Milei agradece a los maestros mientras les quita recursos, los compara con líderes del futuro mientras les niega condiciones mínimas en el presente, se viste de Sarmiento mientras desarma la estructura educativa que aquel fundó. El aula que invoca como metáfora se parece cada vez más a un espacio vacío, donde el discurso oficial se llena de gestos y la política concreta se vacía de presupuesto.

La fotografía política es nítida: un Presidente que celebra el Día del Maestro con frases solemnes y videos de homenaje, pero que convierte a la educación en un área sacrificada del ajuste. La distancia entre relato y gestión se profundiza, y el aula que dice defender se convierte en símbolo del doble discurso.