El presidente Javier Milei volvió a Rosario y eligió, otra vez, el escenario cómodo de la Bolsa de Comercio para desplegar su retórica agresiva. En el 142º aniversario de la institución, el mandatario relativizó el drama económico que atraviesan miles de familias argentinas, se desligó del endeudamiento masivo de los hogares y cargó contra periodistas y economistas, a quienes acusó de “operar” en su contra.
El discurso estuvo plagado de exabruptos: “¡Me niego a creer que seamos tan pelotudos!”, lanzó, arrancando aplausos del auditorio bursátil. También descalificó a la prensa como “sicarios del micrófono” y al gobierno anterior como “inmundo e hijo de mil puta”. La estrategia fue transformar la crítica social por la morosidad y el sobreendeudamiento en un ataque político contra sus adversarios.
Mientras Milei se jactaba de “cumplir todas sus promesas”, afuera la realidad mostraba otra cara:
- 20 mil empleos registrados perdidos en Rosario en dos años y medio.
- 137.000 familias endeudadas que recurren a crédito para comer y pagar expensas.
- Ventas minoristas en caída del 3,8% interanual en julio.
- Industria santafesina retraída un 3,7% en el semestre, con 40% de capacidad ociosa.
El contraste fue brutal: dentro del salón, el círculo rojo financiero celebraba al presidente; en las calles, sindicatos y organizaciones sociales lo declaraban “persona no grata”. El despliegue de gendarmes, drones y vallados reforzó la distancia entre el poder y la sociedad.
El gobernador Maximiliano Pullaro intentó un equilibrio, saludó la visita presidencial, pero reconoció la recesión y el endeudamiento familiar. Sin embargo, en el púlpito se alineó con la prédica antiperonista dominante en el auditorio.
Milei se refugia en escenarios amigos, niega la crisis social y convierte la morosidad en un tema menor, mientras la economía doméstica se hunde. La desconexión entre el discurso oficial y la vida cotidiana de los argentinos se profundiza, y el presidente responde con insultos y bravatas en lugar de asumir responsabilidades.

