La inseguridad alimentaria moderada o grave alcanza al 31,7% de la población argentina. Aunque el país produce alimentos a gran escala, millones de personas tienen dificultades para acceder de manera regular a una alimentación suficiente y de calidad.
Argentina es uno de los grandes productores agroalimentarios del mundo. Sin embargo, esa capacidad productiva convive con una realidad cada vez más difícil para una parte importante de la población.
Los últimos datos del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026, elaborado por la FAO junto con otros organismos de Naciones Unidas, muestran un deterioro de varios indicadores vinculados al acceso y la calidad de la alimentación.
La inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó al 31,7% de la población argentina en el período 2023-2025. Una década atrás, entre 2014 y 2016, afectaba al 19,2%.
La inseguridad alimentaria grave también aumentó. Pasó del 5,8% al 11% en el mismo período.
Más dificultades para garantizar la comida
Los datos necesitan una distinción importante. La subalimentación, que mide la falta sostenida de comida suficiente, bajó del 3,6% de la población en 2004-2006 al 2,8% en 2023-2025.
Pero eso no significa que haya mejorado todo el panorama alimentario.
Menos argentinos están en situación de subalimentación que hace dos décadas, mientras creció con fuerza la cantidad de personas que tienen dificultades para garantizar de manera regular una alimentación suficiente y adecuada.
La inseguridad alimentaria incluye situaciones en las que una familia empieza a resignar variedad o calidad de los alimentos por falta de recursos y, en los casos más graves, también reduce las cantidades que consume.
El escenario argentino contrasta con la tendencia reciente de América Latina y el Caribe, donde la inseguridad alimentaria moderada o grave viene disminuyendo. Aun así, la región continúa teniendo el costo de una dieta saludable más elevado del mundo.
El problema también está en lo que se come
La crisis alimentaria no aparece solamente en la cantidad de comida disponible. También se refleja en su calidad.
Según los datos incluidos en el informe de la FAO, la obesidad entre adultos en Argentina aumentó del 26,3% en 2012 al 37,2% en 2024. Entre los menores de cinco años, el sobrepeso pasó del 10,9% al 14,3%.
El retraso del crecimiento infantil subió del 7% al 10,7%, mientras que la anemia entre mujeres de 15 a 49 años aumentó del 20,4% en 2012 al 23,5% en 2023.
UNICEF también viene registrando cambios en la alimentación de los hogares con niños y adolescentes. Ante las dificultades económicas, muchas familias redujeron el consumo de carnes, lácteos, frutas y verduras y recurrieron con mayor frecuencia a alimentos más económicos, como fideos y harinas.
Ese proceso ayuda a explicar una aparente contradicción. Puede haber comida en la mesa y, al mismo tiempo, una alimentación insuficiente desde el punto de vista nutricional.
Producir alimentos no garantiza poder comprarlos
El caso argentino muestra que la disponibilidad de alimentos es apenas una parte del problema. También importan los ingresos familiares y el precio que hay que pagar para acceder a una dieta saludable.
La FAO advierte que el costo de los alimentos nutritivos continúa siendo una barrera central en buena parte del mundo. Carnes, lácteos, frutas y verduras concentran una parte importante del valor de una dieta saludable y suelen ser los primeros productos que los hogares reducen cuando el ingreso pierde capacidad de compra.
Argentina enfrenta así una paradoja difícil de ignorar. Tiene tierra, producción agrícola y ganadera y una enorme capacidad para generar alimentos, mientras casi uno de cada tres habitantes atraviesa algún grado de inseguridad alimentaria.
El desafío ya no pasa únicamente por producir más. Pasa por lograr que las familias puedan acceder, con sus propios ingresos, a los alimentos que necesitan.
En un país capaz de alimentar a millones de personas dentro y fuera de sus fronteras, que una parte creciente de su población tenga dificultades para comer bien expone uno de los problemas sociales más profundos de la Argentina actual.
Fuente: Ernesto Mattos. Ambito Financiero.

