El cierre de Will Der SA, con 120 despidos en Pacheco y Las Flores, no es un hecho aislado: es el síntoma de un modelo económico que enajena recursos y desarma la justicia local en favor de corporaciones externas. La voz quebrada de Santiago “Tati” Phelan, ex DT de Los Pumas y hoy empresario textil, resume el drama: “Ahora no hay laburo. Nos hundieron”.
La empresa fabricaba para Adidas, Puma, Lacoste y otras marcas internacionales. Sin embargo, la caída de pedidos, los cheques rechazados y la crisis financiera la dejaron sin aire. El mensaje a los trabajadores fue brutal: “Se va a pagar lo que se pueda pagar, puede ser todo o puede ser nada”. La incertidumbre sobre indemnizaciones refleja la fragilidad de un sector que alguna vez empleó a más de 280 personas y hoy apenas sostiene un tercio de esa dotación.
El otro socio, Armando Anasal, con medio siglo en la industria, lo dijo sin rodeos: “La política nos hundió. Son 50 años tirados a la basura”. Su desahogo expone la raíz del problema: cuando las reglas se diseñan para blindar a grandes corporaciones extranjeras —como ocurre con el Súper RIGI— las pymes locales quedan desarmadas. Retenciones cero, aranceles cero y jurisdicción internacional para litigar: privilegios que las empresas nacionales nunca tuvieron.
La justicia argentina queda desplazada, y con ella la capacidad de regular. El Estado se convierte en garante de contratos que limitan su margen de maniobra durante tres décadas. Mientras tanto, el entramado textil se desmorona: 383 fábricas cerradas y 25.600 empleos perdidos desde diciembre de 2023, según la FITA.
El caso de Will Der SA es más que un cierre: es la evidencia de un modelo que entrega soberanía económica y jurídica. La enajenación de recursos y de justicia local no es un riesgo futuro, es una realidad presente. La política que debía sostener la industria terminó cavando su tumba.

