La maniobra expone un equilibrio ficticio con el dólar que recuerda a la convertibilidad de Menem y Cavallo. La operación, presentada como un movimiento técnico de liquidez, abre dudas sobre la transparencia y la independencia del Banco Central.
El Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, depositó el excedente de una licitación en bancos privados en lugar de transferirlo al Banco Central de la República Argentina (BCRA). Según la diputada oficialista Marcela Pagano, ese desvío generó una pérdida de trazabilidad de fondos públicos y motivó una denuncia por malversación de caudales. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, alimentó la incertidumbre al reconocer que no sabía dónde estaban los fondos, lo que derivó en un cruce público con Caputo.
La maniobra funciona como una inyección de pesos encubierta, que permite sostener tasas altas y contener al dólar. El paralelismo con la convertibilidad es inevitable: en los 90, Menem y Cavallo fijaron el 1 a 1 con deuda externa y privatizaciones; hoy, Caputo sostiene un crawling peg con deuda interna y capitales especulativos. En ambos casos, el resultado es un equilibrio cambiario artificial que beneficia al sistema financiero y traslada el costo a la sociedad. Esto se convierte inexorablemente en una bola de nieve financiera y quién sabe cuanto falte para que estalle.
La operación generó ruido en Wall Street y en el Fondo Monetario Internacional (FMI, Fondo Monetario Internacional), que reclamó mayor transparencia en la política monetaria. Mientras tanto, en el plano interno, las tarifas de servicios suben, los salarios pierden poder adquisitivo y las familias se endeudan para sobrevivir. La bicicleta financiera actual reproduce la lógica de los 90: estabilidad aparente, beneficios para bancos y fondos, y deterioro para los hogares.
En conclusión: el Gobierno repite con otra cara los mecanismos de la convertibilidad. La bicicleta financiera sostiene un equilibrio ficticio con el dólar, pero multiplica la inseguridad económica y social. La historia se repite, y las consecuencias también. Aunque en esta oportunidad es mucho mas notorio y acelerado, obras públicas cero, con todo lo que ello conlleva, rutas detonadas, tarifas de servicios astronómicas, poder adquisitivo deteriorados y sin horizonte de recuperacion

