El presidente argentino aterrizó en Nueva York con la expectativa de mostrarse como estadista y terminó con una gira que exhibió más improvisación que estrategia. La Cancillería no logró armar una agenda sólida: no hubo reunión bilateral con ningún jefe de Estado de peso y lo más parecido a un encuentro oficial fue un cruce fugaz con Marco Rubio en un pasillo, un gesto protocolar que Milei intentó vender como reunión formal.
La foto con Donald Trump nunca llegó. El republicano prefirió sentarse con el premier británico Andy Burnham para hablar de Malvinas con Londres antes que con Buenos Aires. El contraste fue brutal: mientras Trump discutía soberanía con el Reino Unido, Milei se conformaba con un saludo de pasillo y un discurso vacío en una sala semivacía.
La lista de contactos improvisados —Zohran Mamdani, Mette Frederiksen, Sane Takaichi, Volodimir Zelensky y Delcy Rodríguez— parece más el resultado de un algoritmo que de una diplomacia con rumbo. Ninguno de esos encuentros aportó a la agenda central de la visita: el reclamo por Malvinas.
El Escudo de las Américas fue el único escenario donde Trump dedicó unos minutos a líderes latinoamericanos. Repitió que apoyó a Milei en las elecciones y se retiró sin siquiera acercarse al libertario. Ni saludo protocolar, ni apretón de manos, ni foto. La postal más alta de la gira fue una imagen grupal bajo tutela de Washington, un trofeo de utilería.
La Cancillería intentó maquillar el fracaso anunciando una reunión con Rubio. Pero el Secretario de Estado lo atendió de pie, en un pasillo, el equivalente diplomático a un “pasá que estoy ocupado”. En su comunicado, Pablo Quirno habló de inversiones y minerales críticos; Malvinas directamente desapareció de la agenda. Rubio, en su propio posteo, se limitó a mencionar energía y agricultura, como si estuviera cerrando una licitación.
Un diplomático al tanto de los detalles admitió que ahora sueñan con una foto de Trump junto a Milei y Burnham en la cena de gala, una imagen que sería el equivalente a invitar al novio de tu ex al casamiento para demostrar que no te afecta. La metáfora refleja el nivel de improvisación: la gira ya es considerada un fracaso total.
Mientras tanto, Trump retó al premier británico por devolver la isla de Chagos y dejó a Milei en offside con Malvinas. En Buenos Aires prefirieron no comentar: duele más que un cachetazo con guante blanco.

