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julio 27, 2026

El número de la inflación como disfraz económico para las masas

El número mensual de inflación que se difunde hoy funciona más como un maquillaje estadístico que como un reflejo fiel de la economía cotidiana. La medición oficial se concentra en productos estratégicamente seleccionados para mostrar un índice bajo, mientras que el verdadero impacto se traslada a otros rubros: tarifas de servicios públicos, bienes dolarizados y aumentos indiscriminados en sectores clave.

El resultado es un escenario engañoso: el índice parece menor en comparación con gestiones anteriores, pero la realidad es que los salarios permanecen congelados y el poder adquisitivo se erosiona día a día. En el pasado, los precios estaban regulados y, aunque la inflación era más alta, los ingresos se ajustaban en paralelo, evitando que la población perdiera capacidad de consumo.

Hoy, la baja aparente del índice convive con una economía desregulada, donde los precios se disparan en dólares y los salarios no acompañan. El disfraz estadístico oculta la pérdida real de bienestar y convierte a la inflación en un número vacío, desconectado de la vida diaria.

Antes, el índice era más alto, pero los salarios se ajustaban periódicamente y los precios estaban regulados. Esto permitía que el poder de compra se mantuviera relativamente estable.

Ahora, el índice es más bajo, pero los salarios no acompañan y los precios se liberan. El resultado es una pérdida real de capacidad de consumo, aunque la estadística oficial muestre “mejora”.

La inflación oficial se ha convertido en un índice vacío, criticado inclusive por el FMI, desconectado de la economía diaria. El disfraz estadístico permite al gobierno mostrar estabilidad, pero en la práctica la población enfrenta precios dolarizados, tarifas en alza y salarios congelados. La verdadera medida no está en el número mensual, sino en la capacidad de las familias para sostener su consumo. Tambien es un sintoma la baja feroz de la recaudación, la gente no puede pagar impuestos, cierran negocios, Pymes y grandes fábricas, todo esto influye fuertemente para hundir mas en una profunda recesión.

El salario mínimo en Argentina perdió cerca del 40% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y abril de 2026. Aunque el índice de inflación mensual se muestra más bajo, los salarios no acompañaron y hoy un ingreso mínimo compra mucho menos bienes y servicios que hace tres años.

La pérdida de poder adquisitivo es histórica: el salario mínimo real está hoy por debajo de los niveles de 2001, antes de la crisis de la convertibilidad. El salario mínimo actual no cubre ni la mitad de la canasta básica.