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junio 29, 2026

Karina capitana, el poder paralelo

La caída de Manuel Adorni no fue solo el final de un vocero cuestionado por la Justicia. Fue la confirmación de que el verdadero timón del gobierno lo lleva Karina Milei.

La hermana del Presidente decidió su salida y eligió a Diego Santilli como reemplazo, en un movimiento que desnuda la fragilidad de Javier Milei y la consolidación de un poder paralelo que ya no se disimula.

El episodio expone un patrón: las decisiones centrales se toman sin el Presidente presente, incluso cuando está en el exterior. La foto en Olivos con Karina y Santilli fue más que un gesto institucional: fue la prueba de que la jefatura de Gabinete se define en un círculo cerrado donde Milei aparece como actor secundario.

Los Menem, aliados estratégicos de Karina, emergen como los grandes ganadores. Controlan Diputados, la relación con la Justicia, el armado electoral y ahora avanzan sobre el Senado. La intervención directa en el bloque de Patricia Bullrich marca el próximo objetivo: eliminar la última isla de autonomía dentro del oficialismo. La creación de grupos de WhatsApp con Karina incluida y el cruce agresivo a Bullrich en reuniones internas son señales claras de disciplinamiento.

Santilli llega condicionado: antes de asumir ya le colocaron vocero, secretario de Medios y vicejefe de Gabinete. Su margen de maniobra es mínimo. Acepta el rol con pragmatismo, dispuesto a tragarse “todos los sapos” con tal de asegurar su futuro político. Pero su designación confirma que la jefatura de Gabinete es hoy un engranaje más del proyecto riojano que apunta a la candidatura presidencial de Martín Menem en 2031.

La salida de Adorni también revela la lógica de Milei: insiste en un rumbo hasta el borde del colapso y solo cambia cuando el choque es inevitable. Así ocurrió con el FMI, con las universidades y ahora con su propio jefe de Gabinete. El problema es que cada rectificación lo deja más debilitado y más dependiente de Karina y los Menem.

El discurso de Milei contra la “casta” se vuelve una ironía amarga: el gobierno que prometió dinamitarla está construyendo su propia casta interna, con un poder concentrado en manos de una familia y un grupo de aliados que ya diseñan el futuro más allá de 2027. La pregunta que queda flotando es si este esquema no es el preludio de una autocracia disfrazada de reformas.