Por Oscar Meza
A quienes nos ha tocado vivir de cerca las penurias, las tragedias y las tristezas que generó el terrorismo de Estado de la última dictadura, despedir a una persona como Taty Almeida nos provoca una tristeza fuerte.
Porque sin lugar a dudas Taty ha sido una referente de una de las luchas más honrosas que ha parido la historia de nuestro país: la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, de las Abuelas de Plaza de Mayo y, muy particularmente, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Si bien considero que la lucha de todas las Madres es válida, honrosa y digna de ser recordada como corresponde, creo que Línea Fundadora, con figuras como Taty Almeida y Nora Cortiñas, junto con Abuelas de Plaza de Mayo, ha sido una de las organizaciones de derechos humanos más sólidas de la República Argentina.
Hoy nos toca despedir a Taty Almeida, una mujer que recogió en su personalidad todo lo que fue y lo que sigue siendo la lucha por los derechos humanos en nuestra patria.
Conviene recordarlo en estos días, cuando a nuestro país le toca vivir bajo la gestión de un presidente como Javier Milei, que representa a uno de los sectores más retrógrados y atrasados de la política argentina, muy particularmente en lo que respecta al tema de los derechos humanos y a la necesidad de honrar esa historia con la debida dignidad.
Taty, hasta sus últimos momentos, reivindicó su condición de ser una de las máximas referentes de esa lucha. Y por eso su partida duele, pero también obliga a recordar lo que sembró.
No las enterramos, las sembramos
Alguna vez Taty Almeida dijo, al despedir a Néstor Kirchner, que no lo enterraban, sino que lo sembraban. Hoy podríamos decir lo mismo de ella y de tantas Madres de Plaza de Mayo.
No las enterramos. Las sembramos.
Y ese legado sigue vivo en en ciudadanos, jóvenes y generaciones enteras que hasta el día de hoy saben reivindicar las banderas que honrosamente defendieron en los momentos más duros que le tocó vivir a nuestra patria.
Muy pocas instituciones en la República Argentina, y más aún instituciones defensoras de los derechos humanos, merecen tanto esa alegoría. Porque cuando despedimos a una Madre de Plaza de Mayo, no despedimos solamente una vida individual. Despedimos una historia de lucha, de coraje, de dignidad y de memoria colectiva.
Eso es lo que representan Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo y, en particular, esta madre que hoy nos toca despedir: Taty Almeida.
La audacia cívica de reivindicar los derechos humanos
Desde Barranqueras, vaya para ella nuestro homenaje. Desde siempre hemos tenido la audacia cívica de reivindicar a todos aquellos, y más particularmente a esas mujeres, que pusieron sobre sus espaldas y sobre sus hombros la enorme tarea de defender los derechos humanos.
Porque hablar de las víctimas del terrorismo de Estado no fue nunca una tarea menor. Y mucho menos lo fue sostener, durante décadas, una lucha por Memoria, Verdad y Justicia frente a quienes buscaron negar, relativizar o deshonrar esa historia.
Si algo ha caracterizado también a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo es que nunca hablaron de los derechos humanos desde una mirada estrecha. Siempre tuvieron el mérito histórico de tener una mirada integral. No solamente recordaron, con justicia, a las víctimas del terrorismo de Estado en aquella época triste y aciaga de nuestra patria. También acompañaron una inmensa cantidad de luchas que marcaron la historia de nuestro pueblo.
Esa amplitud, esa coherencia y esa dignidad son parte del legado que Tati Almeida deja sembrado.
Un lugar de honor en el recuerdo del pueblo
También merece recordarse la profunda emoción con que Madres de Plaza de Mayo y Taty Almeida, en particular, despidieron al Indio Solari, ese valioso cantante y músico popular que también nos tocó saludar en su paso a la eternidad.
Al igual que las Madres, el Indio ocupa y ocupará un lugar importante en los mejores recuerdos y en los mejores afectos del pueblo argentino. No por casualidad Taty Almeida y las Madres transitaron con él un camino de honrosa amistad, de reconocimiento y de afecto popular.
Hay figuras que el pueblo argentino sabe poner en un lugar de honor porque realmente se lo merecen. Taty Almeida es una de ellas.
Malvinas, memoria y dignidad nacional
También sea válido traer a la memoria que hace muy pocos días recordamos un nuevo aniversario del 10 de junio, Día de la Reafirmación de los Derechos Argentinos sobre nuestras Islas Malvinas.
Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo honraron siempre lo que fue la lucha de nuestros héroes de Malvinas. También fueron pioneras y vanguardia en esa reivindicación.
Las luchas por el recuerdo de nuestros héroes de Malvinas y las luchas por nuestro programa de Memoria, Verdad y Justicia forman parte de una misma defensa de la dignidad nacional. Son páginas de nuestra historia escritas con dolor, con entrega y con compañeros argentinos muertos en tierras lejanas, que deben ser recordados con la honra que corresponde.
Taty Almeida fue también faro. Faro que alumbra e ilumina cuando hay quienes pretenden deshonrar esas luchas.
La posta de Taty sigue en nuevas generaciones
Taty habló muchas veces del paso de posta. Y esperemos que ese paso no caiga en saco roto. Que efectivamente sea realidad y se mantenga durante mucho tiempo presente en la historia de nuestra patria.
Porque se trata de salvaguardar la dignidad y la lucha por el bienestar de nuestro pueblo, hoy tan amenazado por un gobierno que deshonra cada día la historia de nuestra patria y la historia de los mejores luchadores que la enriquecieron.
Por eso, vaya para Taty Almeida nuestro homenaje. Con respeto, con emoción y con la dignidad que corresponde.
No la enterramos. La sembramos.
Y seguirá dando frutos en la memoria, en la conciencia y en las mejores luchas del pueblo argentino.

