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abril 28, 2026

La realidad paralela de Javier Milei: entre el relato triunfalista y los indicadores que no acompañan

“Somos el mejor gobierno de la historia”, sentenció

El presidente Javier Milei volvió a exhibir un fuerte desfasaje entre su discurso y la situación económica concreta durante su exposición en la Cena Anual de la Fundación Libertad. En un tono celebratorio, defendió su programa de gobierno y aseguró que el país atraviesa un escenario de crecimiento, recuperación salarial y mejora del empleo, afirmaciones que contrastan con datos recientes de actividad, consumo y mercado laboral.

“Somos el mejor gobierno de la historia”, afirmó el mandatario, en una definición que no solo resulta difícil de sostener en términos comparativos, sino que además choca con un contexto marcado por la caída del consumo, la pérdida de puestos de trabajo y el deterioro del poder adquisitivo en amplios sectores de la población.

A lo largo de su discurso, Milei insistió en que “lo peor ya pasó” y que el ajuste “lo pagó la casta”, una de las consignas centrales de su narrativa política. Sin embargo, la evolución de variables clave muestra un impacto directo sobre trabajadores, jubilados y sectores productivos, con un retroceso sostenido en la actividad económica y en los ingresos reales.

Uno de los puntos más controvertidos fue su diagnóstico sobre el empleo. El Presidente negó la destrucción de puestos de trabajo y sostuvo que el mercado laboral “está prácticamente empatado”. La afirmación omite, sin embargo, la caída del empleo registrado en sectores como la industria, donde distintas mediciones privadas evidencian una contracción significativa desde fines de 2023.

En ese mismo intento por sostener su relato, Milei apeló al crecimiento del trabajo no registrado como argumento para relativizar la crisis laboral. Lejos de ser un indicador positivo, el aumento de la informalidad suele reflejar precarización y falta de alternativas en el empleo formal, lo que profundiza la vulnerabilidad social en lugar de corregirla.

También aseguró que el consumo se encuentra en niveles récord, adjudicando el fenómeno a un cambio en los hábitos de compra. Sin embargo, informes recientes muestran que el gasto en productos básicos acumula largos períodos de caída, con recuperaciones puntuales que no logran revertir la tendencia general.

En materia inflacionaria, el Presidente volvió a prometer que su gobierno logrará derrotarla, aunque atribuyó los repuntes recientes a supuestos “ataques” políticos y económicos. La explicación refuerza un patrón recurrente en su discurso: desplazar las responsabilidades hacia factores externos, incluso cuando las tensiones se originan en el propio programa económico.

El contraste entre el optimismo presidencial y la percepción social también se refleja en los niveles de confianza. Distintos indicadores muestran un deterioro en la imagen del Gobierno, en paralelo con el impacto del ajuste sobre la vida cotidiana.

Lejos de moderar el tono, Milei volvió a recurrir a descalificaciones hacia la oposición, incluyendo referencias a Cristina Fernández de Kirchner y al gobernador Axel Kicillof, a quienes responsabilizó por los problemas estructurales del país. El recurso a la confrontación política aparece, una vez más, como complemento de un discurso que evita profundizar en las contradicciones de la coyuntura actual.

Así, el mensaje presidencial vuelve a apoyarse en una narrativa de éxito que no logra encontrar correlato en los datos disponibles ni en la experiencia cotidiana de buena parte de la sociedad. Entre promesas de recuperación y diagnósticos optimistas, la brecha entre el relato oficial y la realidad económica sigue siendo uno de los principales puntos de tensión del escenario argentino.

Fuente: Página 12