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mayo 6, 2026

Los datos reales exponen la caída del poder adquisitivo salarial

El dato es tan contundente como incómodo: en apenas 27 meses de gestión de Javier Milei, el salario perdió el equivalente a siete meses respecto de su poder de compra de noviembre de 2023. Traducido a la vida cotidiana, significa que los trabajadores hoy perciben, en términos reales, poco más de un año y medio de ingresos donde antes tenían más de dos años. No es una variación marginal: es una contracción profunda del ingreso.

El fenómeno no puede leerse solo como consecuencia inevitable de un ajuste. Lo que muestran los números es una transferencia directa de ingresos desde el trabajo hacia otros sectores de la economía, en un contexto donde la inflación, aun desacelerándose, corrió por delante de las recomposiciones salariales. La licuación inicial, combinada con paritarias que quedaron sistemáticamente por detrás, consolidó una pérdida que dejó de ser transitoria para volverse estructural.

Desde el discurso oficial se plantea que se trata de un “costo necesario” para estabilizar la macroeconomía. Sin embargo, ese argumento empieza a mostrar límites cuando la recuperación no aparece con la misma velocidad con la que se deterioraron los ingresos. La promesa de que el sacrificio tendría un correlato en mejora del poder adquisitivo aún no se materializa de forma clara para la mayoría de los trabajadores.

El impacto tampoco es homogéneo. Los sectores informales y los trabajadores estatales aparecen entre los más golpeados, mientras que las jubilaciones y programas sociales también sufrieron una fuerte erosión. En ese contexto, la pérdida de siete meses de salario no es solo un indicador económico: es una señal del deterioro en las condiciones de vida y del aumento de la vulnerabilidad.

Hay además una dimensión política. La caída del salario real tensiona el contrato social sobre el que se sostiene cualquier programa económico. Cuando el ajuste se concentra de manera tan marcada en los ingresos, la pregunta deja de ser solo cuánto se ordenan las variables macro, para pasar a ser quién paga el costo de ese ordenamiento.

En definitiva, el dato sintetiza el núcleo del modelo en curso: una estabilización apoyada en la compresión del salario. La incógnita, todavía abierta, es si ese camino puede sostenerse en el tiempo sin derivar en un nuevo ciclo de conflictividad social o sin exigir, más temprano que tarde, una recomposición que revierta parte de lo perdido.

Con la gestion anterior, si bien había mas inflación mensual, la equiparación salarial mantenia un equilibrio respecto al poder adquisitivo, ademas de eso, una importante cantidad de obras públicas en todo el país, salud, educación, ciencia y tecnologia, industria nacional, y una presencia del estado en todos los rubros.