Por Sergio Alvez
Desde Misiones
La última dictadura cívico militar desplegó una cacería en las chacras, montes y colonias de Misiones, en busca de dirigentes y militantes rurales, pero especialmente intentó —con persecuciones, torturas y asesinatos— la desarticulación del Movimiento Agrario de Misiones (MAM), nacido en 1971 e integrado a las Ligas Agrarias del Nordeste. Este espacio había logrado construir una influyente red de organización campesina que cuestionaba de raíz una estructura productiva desigual, sostenida sobre la explotación del pequeño productor yerbatero, tabacalero y tealero.
Dirigentes de peso como Pedro Peczak fueron secuestrados y desaparecidos. También docentes comprometidas con la organización rural, como la maestra Susana Ferreira, y militantes que habían hecho de la educación y la comunicación herramientas de base, entre ellas la periodista Estela Urdániz, responsable de prensa del movimiento y pieza clave en la edición de Amanecer Agrario, el periódico que circulaba entre las colonias como vehículo de formación, denuncia y organización.
A partir del exterminio humano se buscó silenciar una experiencia colectiva que venía creciendo con fuerza, principalmente en la zona centro de la provincia.
Hasta entonces, la creciente actividad del MAM había logrado instalar demandas concretas en torno al precio de la producción, las condiciones de vida en la chacra y la autonomía frente a los sectores concentrados. En ese desguace quedó interrumpido también el desarrollo de una herramienta que los propios colonos hermanados en el MAM comenzaban a proyectar como salida económica: la cooperativa propia. Aquel proyecto apuntaba a generar una estructura capaz de intervenir directamente en la producción y en la comercialización de los productos que las familias campesinas alumbraban en sus tierras y regaban con su sudor diario.
La represión, en su avanzada criminal, provocó la interrupción del sueño cooperativo. Pero no logró su extinción. Como un brote contenido durante los años oscuros, la iniciativa reverdeció y floreció con el retorno de la democracia. Hace exactamente cuatro décadas, nació la Cooperativa Agrícola Río Paraná, directamente desde las entrañas del MAM y con base territorial en un enclave geográfico fundamental para la memoria de las luchas agrarias en la tierra roja: Oberá.

La raíz cooperativa
El acta constitutiva de la Cooperativa Agrícola Río Paraná Limitada lleva en su encabezado una fecha imborrable: 10 de abril de 1986. A esta formalización se arribó luego de numerosas reuniones y asambleas en las que se fueron tejiendo consensos y dando cuerpo al entramado estatutario.
La materialización jurídica de la cooperativa marcó la continuidad de una larga tradición en la zona centro de Misiones, donde transcurrió la formación de las primeras entidades asociativas de los colonos yerbateros.
Además de su ciudad más importante (Oberá), esta región abarca los actuales municipios de Campo Grande, Campo Ramón, Los Helechos, Panambí y Campo Viera. Fue una de las principales receptoras de inmigración europea durante las primeras décadas del siglo XX. Polacos, ucranianos, rusos, suecos, alemanes y otros grupos de colonización agrícola se asentaron sobre pequeñas parcelas, dando rienda a una matriz productiva basada en el trabajo familiar y el cultivo de yerba mate, té, tabaco y tung. Esa estructura minifundista propició el desarrollo del cooperativismo agrario como estrategia de supervivencia económica y defensa frente a los grandes actores de la industrialización y la comercialización.
Las primeras cooperativas yerbateras de la región surgieron precisamente en Oberá. El antecedente directo es la Cooperativa Agrícola de Oberá, que inició sus actividades en 1929, y que en sus inicios fue exclusivamente yerbatera. “Después de varias alternativas la cooperativa se reorganiza en 1939 con 45 socios. En 1942 tiene 1.410 socios, de los cuales alrededor de 700 poseen yerbales propios. Para 1947 su número de asociados asciende a 3.000, siendo ésta la cooperativa más importante del Territorio de Misiones”, plasmó el investigador de la Universidad Nacional de Quilmes Lisandro Rodríguez en su tesis "Las cooperativas yerbateras en la región NEA (1936-2002): una interpretación histórica".
La lógica cooperativista buscaba romper el sometimiento de los pequeños productores a los acopiadores, que imponían condiciones de compra y una fijación desigual de los precios. Esa tensión, que atravesó siempre toda la historia agraria misionera, tuvo uno de sus episodios más violentos en 1936, con la recordada Masacre de Oberá, considerada la primera gran represión estatal contra colonos organizados que reclamaban mejores condiciones para la producción y comercialización rural.

Herramienta económica
“Ya desde 1978 habíamos empezado a gestionar la cooperativa, pero el Movimiento Agrario de Misiones fue muy golpeado durante la dictadura; hubo que esperar la recuperación democrática para poder formalizar muchas cosas y entre ellas, la fundación de nuestra cooperativa”, recordó en diálogo con Agencia Tierra Viva, el presidente de la Cooperativa Agrícola Río Paraná de Oberá y secretario general del MAM, Salvador Torres.
“La idea era que la organización no existiera únicamente en función del reclamo, sino que también pudiera hacer cosas concretas e intervenir directamente en la producción y en la comercialización de los productos de la chacra. Así surge la Cooperativa Río Paraná, que durante todos estos años fue la herramienta legal del MAM, y en los años '90 permitió impulsar capacitaciones y procesos de los que más tarde nacieron las ferias francas de Misiones”, añadió.
El estatuto de la cooperativa plantea como objetivos institucionales fomentar “el espíritu de solidaridad y ayuda mutua entre los asociados, cumplir con el fin de crear una conciencia cooperativa y propender al mejoramiento económico de sus asociados y en especial a los más pobres y marginados de ellos”.
La acción cooperativa se entrelaza con un fuerte sentido social al cual además se anexó un paradigma propio del entorno natural en el cual las familias de la asociación producen sus cultivos: el cuidado del ambiente.

Tierra, trabajo y justicia
La Cooperativa Agrícola Río Paraná lanzó en 2004 su propia marca de yerba mate: Titrayju.Aunque su fonética sugiera un término en guaraní, se trata en realidad de un neologismo construido a partir de la unión de las sílabas iniciales de tres palabras: tierra, trabajo y justicia. Por sus singulares características, el producto se instaló como una referencia ineludible a la hora de pensar la producción y el consumo de yerba mate desde una perspectiva integral.
Agroecológica, de estacionamiento natural y secada con el tradicional sistema barbacuá, Titrayju pone en valor la importancia del arraigo, del cuidado del ambiente, el comercio justo y, sobre todo, la dignidad de las familias que producen con sus manos la infusión emblema de la Argentina.
Titrayju nace en yerbales misioneros pero se consume en todo el país. Al mismo tiempo, es fruto de una de las crisis cíclicas que castigó al pequeño productor yerbatero y que hoy tristemente se ve repetirse con el modelo mileísta: la desregulación del mercado en la década del noventa.
“Titrayju surge con una idea muy clara: que el pequeño colono no quedara esclavizado a los intermediarios y pudiera recibir un precio justo. La Cooperativa Río Paraná siempre estuvo orientada a acompañar a los pequeños productores, fortalecer a las familias rurales y construir una comercialización más justa entre quien produce y quien consume. Y eso es algo que los consumidores siempre valoraron”, afirma Salvador Torres.
Con el paso de los años, Titrayju consolidó esa forma propia de comercialización, basada en el vínculo directo entre quienes producen y quienes toman mate. “Esa fue la base, construir un nicho de mercado que antes no existía, porque los productos industriales van al comercio tradicional, mientras nosotros trabajamos con consumidores directos y organizados, con instituciones, gremios, clubes de fútbol, ferias, artistas, iglesias y muchos espacios donde normalmente no llegan esos productos”, observa Torres.
En agosto 2015, a bordo de un motorhome modelo 1961, el músico popular y actual ministro de Cultura de Misiones, Joselo Schuap emprendió con su conjunto la gira Nación Chamamé, que unió Misiones con Tierra del Fuego. Convocado por Agencia Tierra Viva, Schuap recuerda que “para esa aventura los amigos de Titrayjunos donaron paquetes, que fuimos vendiendo en cada lugar que parábamos. De punta a punta del país la gente se sorprendía cuando le decíamos que esta marca no utilizaba agroquímicos, no tenía explotación laboral detrás y que a los colonos se les pagaba precio justo por su trabajo. Nos sacaban los paquetes de la mano”.

Ampliar horizontes
Edelmiro Machado, un colono que a principios de los ochenta estuvo ligado a la conformación de asociaciones tabacaleras de la zona centro, y que es uno de socios fundadores de la Cooperativa Río Paraná, recuerda que “al principio en nuestra cooperativa predominaba el productor minifundista tabacalero, pero ya en esos primeros años fue creciendo el número de familias yerbateras hasta alcanzar lo que son cerca de 600 familias que comercializan su producto con nosotros”.
Otra socia y productora, Elsa Pawluk, afirma que “en la Cooperativa Río Paraná encontramos la mejor manera de seguir produciendo en las chacras que heredamos de nuestros padres, a precio justo y sin utilización de herbicidas, cuidando el suelo”.
La popularidad de Titrayjufue creciendo entre consumidores de todo el país, permitiendo además que la cooperativa pudiera lograr la apertura hacia mercados de otros países. Esto se dio primeramente en 2017, cuando tras la participación de la marca en una feria de Nueva York (invitación del Instituto de Yerba Mate mediante), se presentó la posibilidad de exportar yerba a Estados Unidos.
Más adelante, recuerda el responsable del sector comercial en la Cooperativa Río Paraná, Juan Carlos Domínguez, “tuvimos la posibilidad de enviar yerba a España, primeramente solamente el producto y luego ya envasados de Titrayju; este es un proceso que sigue abierto y que nos permite ampliar volumen”.
Uno de los fundadores de la cooperativa e integrante histórico del MAM, Eugenio Kasalaba, es oriundo de la Colonia Tamanduá, sitio que dio origen al nombre de la segunda marca de yerba de la cooperativa, una suerte de hermana menor de Titrayju que se lanzó en 2020: la yerba Tamanduá (oso hormiguero). Eugenio destaca el aspecto social del proyecto: “Además de la producción de yerba y todo lo que se conoce detrás de Titrayju y Tamanduá, hay todo un trabajo social invisible, de estar cerca de la comunidad, de las escuelas, de contener a la gente en la chacra, y eso también hace al valor de la cooperativa”.
Desde mayo de 2023, la Cooperativa Agrícola Río Paraná Limitada es parte de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), entidad nacional que representa a más de cien cooperativas de pequeños y medianos productores de todo el país. También integra la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y la Mesa Agroalimentaria Argentina (MAA).

Un camino colectivo
En el marco del aniversario de la Cooperativa Río Paraná, a principios de abril, se desarrolló el evento Expo Industrial de Oberá, en el predio del Parque de las Naciones. La Cooperativa participó de estas jornadas con un stand en el cual además de ofrecer sus productos conmemoró su 40 aniversario junto a la comunidad local. Desde allí, el MAM compartió un mensaje: “Son cuatro décadas de trabajo colectivo, de resistencia y de sueños sembrados en cada hoja de yerba mate. En un contexto difícil para las economías regionales, este aniversario nos encuentra construyendo nuevos vínculos y tendiendo puentes con otras marcas, entendiendo que detrás de cada una hay familias productoras que sostienen la vida en nuestra tierra. Renovamos el compromiso de seguir luchando por un precio justo para el productor, con unidad, organización y propuestas concretas. Celebramos el pasado, honramos el presente y abrazamos el futuro con la certeza de que el camino es colectivo”.
*Edición: Darío Aranda.
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