Por Oscar Meza
La visita de Axel Kicillof al Chaco fue, para mí, sumamente importante. Pude estar en el acto de la Universidad Nacional del Nordeste y me fui profundamente conforme, no solamente por lo que dijo, sino también por lo que significó políticamente su presencia en nuestra provincia.
A pesar de una tarde horrible, con lluvia, calles complicadas y un tiempo que invitaba bastante poco a salir de la casa, el Aula Magna estaba de bote a bote. Había gente parada en los pasillos, al fondo, a los costados. Hacía mucho tiempo que no veía una convocatoria de esas características.
Y Kicillof volvió a demostrar la solvencia que tiene. Es un hombre formado, un académico de la economía, pero puede hablar en términos llanos, directos, para que cualquiera pueda seguir lo que está explicando sin necesidad de ser un especialista.
La presentación de su libro terminó siendo, objetivamente, mucho más que la presentación de un libro. Fue un acto político. No necesitó presentarse como candidato ni hablar permanentemente de 2027. Su recorrido por el país, su encuentro con trabajadores, intendentes, empresarios y militantes habla por sí mismo.
Yo hace mucho tiempo que tengo una posición tomada. Entiendo que el próximo candidato a presidente del justicialismo debe ser Axel Kicillof.
Un peronismo que tiene que volver a encontrar un camino común
Durante su paso por el Chaco hubo reuniones con la CGT, con intendentes justicialistas y con sectores empresarios. Por las referencias que tengo, en todos esos encuentros apareció una preocupación parecida.
Los trabajadores están atravesando una situación muy difícil. Los intendentes tienen cada vez más problemas para atender las necesidades de sus comunidades. Los pequeños y medianos empresarios también están viviendo una situación sumamente grave.
Y nuestro Chaco no está afuera de ese escenario. Tenemos un gobierno provincial que acompaña las principales orientaciones económicas y políticas del Gobierno nacional y, desde mi punto de vista, eso nos está llevando a una situación social cada vez más complicada.
En ese contexto, también creo que el Partido Justicialista debe comenzar a encontrar causas comunes para conversar y reconstruirse.
Una de esas causas tiene que ser, a mi entender, la situación de Cristina Fernández de Kirchner. Yo sostengo con absoluta claridad la consigna Cristina Libre.
Estamos hablando de una mujer que fue dos veces presidenta de la Nación, una vez vicepresidenta y que representa a una parte muy importante de la sociedad argentina. Considero que su situación constituye una afrenta política e institucional y que el peronismo tiene que asumir una posición clara frente a eso.
Después podremos discutir candidaturas, internas, nombres y estrategias. Esa es otra discusión.
También me alegra ver a Sergio Massa trabajando como una prenda de unidad. Yo sigo creyendo que Cristina, Kicillof y Massa representan hoy tres referencias centrales de un mismo espacio y que, aunque cada uno tenga su identidad, sus dirigentes y sus preferencias, deberían transitar un camino conjunto.
La situación de la Argentina no deja demasiado margen para divisiones ni para errores.
La situación del país exige una respuesta política
Tengo una historia personal que me permite hablar de democracia con mucha tranquilidad. Durante la dictadura estuve cinco años preso. La defensa de la democracia y de las instituciones no la aprendí de un manual. También la aprendí con mi propio cuero.
Por eso mismo digo lo que pienso.
Para mí, la situación que está viviendo la República Argentina no da para más.
Es grave institucionalmente, es grave socialmente, es grave económicamente y es grave políticamente. Y considero que el pueblo argentino no puede simplemente resignarse a esperar hasta diciembre de 2027 mientras esta situación continúa deteriorándose.
Desde mi punto de vista, las instituciones democráticas tienen herramientas para actuar frente a situaciones de extrema gravedad política. El Congreso de la Nación tiene una responsabilidad enorme y las legislaturas provinciales también tienen que comprender el momento que estamos atravesando.
Personalmente considero que, si corresponde discutir mecanismos constitucionales como un juicio político, esa posibilidad debe debatirse dentro de las instituciones, con todas las garantías y las mayorías que correspondan.
Esa es una posición que sostengo desde una profunda convicción democrática. Yo sé perfectamente lo que significa un golpe de Estado. Lo viví. Y justamente por eso reivindico que cualquier respuesta a una crisis política debe producirse dentro de la Constitución y de las instituciones de la República.
Los diputados, senadores y legisladores provinciales no pueden comportarse como simples espectadores. Son parte de uno de los poderes fundamentales del Estado y tienen la obligación de estar a la altura de las circunstancias.
La Argentina atraviesa un momento demasiado delicado como para mirar hacia otro lado.
El campo nacional, popular y democrático tiene la responsabilidad de organizarse, recorrer el país, hablar con la gente y construir una alternativa. Y creo que Kicillof puede ser quien encabece esa alternativa.
Para llegar hasta ahí tenemos que dejar de lado las peleas que no conducen a ninguna parte, reconstruir una unidad posible y volver a poner en el centro los problemas concretos de nuestra gente.
Hay momentos en los que la política tiene que estar a la altura de la historia.

