La recaudación tributaria volvió a mostrar un retroceso en junio y dejó al Gobierno frente a un dilema cada vez más complejo. Según los datos oficiales, los ingresos cayeron 7,4% en términos reales, lo que obliga al ministro de Economía, Luis Caputo, a profundizar el ajuste para sostener el superávit.
Cada vez cierran mas fábricas, más despidos, más congelamiento del movimiento económico, lo que lleva indefectiblemente a la caída de la recaudación.
Los recursos tributarios alcanzaron los $20 billones, con una suba nominal de 23,7% respecto de junio del año pasado, pero muy por debajo de la inflación estimada. También fueron menores a los de mayo, cuando la recaudación había superado los $21 billones por el ingreso extraordinario de Ganancias de sociedades.
El retroceso se explica por varios factores: la baja de alícuotas en retenciones a los granos, la caída de derechos de importación y la prórroga del pago de Ganancias y Bienes Personales de personas humanas. Los impuestos vinculados al trabajo formal también retrocedieron, reflejando el crecimiento de la informalidad y la pérdida de más de 300.000 empleos registrados desde el inicio del actual gobierno. La Peruanizacion de la economía esta a un paso.
El informe del IARAF mostró que en el primer semestre la recaudación total cayó 5,3% real. Lo que quedó en manos de la Nación bajó 6,4%, mientras que lo destinado a provincias retrocedió 3%. En pesos de junio, la pérdida fue de $6,5 billones en todo el sistema tributario.
El ajuste se vuelve inevitable en un contexto de menor recaudación. El Gobierno avanza con recortes de subsidios al transporte y actualizaciones parciales de impuestos a los combustibles, aunque mantiene bonificaciones en energía para amortiguar el impacto en los hogares durante el invierno.
El debate de fondo es quién paga el superávit fiscal. Según el IARAF, una familia asalariada formal destina entre 49,2% y 49,9% de su ingreso total al pago de impuestos. Esto equivale a entre 172 y 182 días de trabajo al año para cumplir con tributos nacionales, provinciales y municipales. La carga recae con más fuerza sobre los sectores bajos y medios, que consumen casi todo lo que ganan y enfrentan impuestos indirectos en cada compra.
La caída de la recaudación expone los límites del ajuste y la fragilidad de un modelo que se sostiene con menos ingresos y más recortes. Para los economistas críticos, el superávit aparece como una transferencia desde los trabajadores y hogares hacia los acreedores, mientras el Estado se achica en obra pública, educación, salud y seguridad.

