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julio 1, 2026

"No nos vamos a cansar de recordar a Perón"

Por Oscar Meza

El 1 de julio no es una fecha más para quienes creemos en la democracia, en la justicia social y en la dignidad del pueblo argentino. Ese día, en 1974, falleció el general Juan Domingo Perón, uno de los grandes líderes de la Argentina y de Latinoamérica. Para muchos de nosotros, aquella jornada quedó marcada no solo por la tristeza de despedir a un dirigente inmenso, sino también por la preocupación ante lo que empezaba a asomar sobre el país.

Yo estaba cursando la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba y militaba en el centro de estudiantes, en una corriente de izquierda que tenía un profundo respeto por el general Perón y por el Movimiento Nacional Justicialista. No éramos los únicos. También recuerdo al Frente de Izquierda Popular de Jorge Abelardo Ramos, cuyos jóvenes muchas veces transitaban caminos de unidad con el FAUDI, la fuerza en la que militábamos nosotros.

Éramos corrientes de izquierda que entendíamos algo fundamental. Los movimientos populares de la Argentina no podían ser mirados con desprecio ni con soberbia. Por eso respetábamos al peronismo y también honrábamos la figura de don Hipólito Yrigoyen. Había allí una comprensión profunda de la historia nacional, de sus luchas y de sus momentos más importantes.

Una tristeza doble

Aquel 1 de julio de 1974 sentimos una doble tristeza. Por un lado, despedíamos quizás al dirigente político más importante que tuvo el pueblo argentino. Por otro, muchos de nosotros olfateábamos que la Argentina entraba en una etapa muy compleja. Hacía poco tiempo habíamos salido de otra dictadura y ya se veía el peligro de que los sectores reaccionarios de derecha, que nunca faltan en la Argentina ni en ninguna parte del mundo, comenzaran a trabajar para una nueva interrupción del proceso democrático.

La Argentina estaba rodeada de gobiernos dictatoriales. No tengo dudas de que muchos de esos gobiernos saludaron la muerte del general Perón, porque sabían que América Latina vivía momentos muy difíciles y que su desaparición física abría un escenario de enorme fragilidad. María Estela Martínez de Perón, pese a su buena voluntad, probablemente no iba a estar a la altura de semejante responsabilidad histórica.

No pasó mucho tiempo para que esas premoniciones se confirmaran. El 24 de marzo de 1976 llegó el golpe de Estado. Muchos jóvenes universitarios ya habíamos advertido ese peligro. Cuatro o cinco meses después de la muerte de Perón, quienes militábamos en la Federación Universitaria Argentina entendimos que era prudente realizar un congreso para fijar una posición frente a esos nubarrones que ya se cernían sobre la democracia.

De allí surgió una consigna clara. No otro 55, no otro golpe de Estado. Por esa posición, a mí y a muchos otros jóvenes universitarios nos tocó pagar un alto precio cuando finalmente se concretó el golpe del 76.

Los nubarrones sobre la democracia

Por eso, recordar la muerte del general Perón es para mí un doble compromiso. No solo porque estábamos despidiendo a uno de los grandes líderes de la historia argentina y latinoamericana, sino porque también sabíamos que aquella primavera democrática de 1973 y 1974 empezaba a vivir momentos agónicos. La historia nos demostró que no estábamos equivocados.

Después vinieron años muy graves y muy tristes para nuestra patria. Costó mucho recuperar parte de lo que el peronismo y el justicialismo habían brindado al pueblo argentino. La recuperación de derechos, la vigencia de la justicia social, los derechos laborales, los derechos políticos, los derechos de la mujer y tantas conquistas que el Movimiento Nacional Justicialista, bajo la conducción del general Perón, había construido para la Argentina.

Tuvimos que esperar prácticamente hasta 2003, con la llegada de Néstor Kirchner, para volver a transitar páginas de nuestra historia que honraran la memoria del general Perón y aquellos momentos dichosos que vivió el pueblo argentino bajo las banderas del justicialismo.

Aquel julio de 1974 fue un momento grave, difícil y duro. Buena parte de los problemas que todavía vive nuestra patria se acunaron en la mente de los sectores más reaccionarios y antipatriotas de la Argentina. Ellos vieron en la muerte de Perón la desaparición física de uno de los grandes responsables de los mejores momentos del país, de una etapa de crecimiento, bienestar popular, riqueza nacional y soberanía.

Podrán decir lo que quieran los sectores de derecha, que lamentablemente tienen mucho poder de fuego y muchos medios de comunicación por su capacidad de compra de voluntades. Pero nunca se llevaron bien con el justicialismo ni con el general Perón. No se llevaron bien porque Perón representaba exactamente lo contrario de sus intereses.

Un compromiso frente al presente

Esos sectores, que hoy se expresan en un gobierno nacional profundamente antipatriota y antipopular, contrario al bienestar del pueblo argentino, al respeto por la Constitución y a la soberanía nacional, vuelven a mostrar su verdadero rostro. Lo vemos en el gobierno de Javier Milei y, lamentablemente, también en el acompañamiento de algunos gobiernos provinciales, como ocurre en nuestro querido Chaco con Leandro Zdero y compañía al frente de los destinos de la provincia.

Por eso, hoy tenemos un doble compromiso. Recordar al general Perón, honrar la memoria del Movimiento Nacional Justicialista y combatir a quienes desde el Gobierno nacional, con socios políticos en distintas provincias, llevan adelante una gestión absolutamente contraria a todo lo que representaron los gobiernos populares.

Recordar a Perón es recordar su historia, su lucha, su doctrina y todo lo que hizo por el bienestar del pueblo argentino. Es recordar también la defensa de nuestra soberanía y de nuestra Latinoamérica. El general Perón tuvo un profundo respeto por los pueblos latinoamericanos y por todos aquellos dirigentes populares y democráticos que, desde sus tierras, enfrentaban lo que él llamaba los objetivos del imperialismo.

Hoy, más que nunca, es necesario tener presente por qué la derecha gorila, reaccionaria y antipatriota odió y sigue odiando tanto al general Perón, a Evita y a todos aquellos que levantaron con valentía esas banderas. Las odian porque fueron banderas de transformación, de dignidad, de justicia social y de felicidad para el pueblo.

No nos vamos a cansar nunca de recordar su figura. No nos vamos a cansar de decir que los mejores momentos que vivió nuestra patria se hicieron bajo las banderas que enarboló y nos enseñó el general Perón a través de su vida y de su lucha.

Sea válido entonces este recuerdo para tener presente a un hombre que parió nuestra patria y que nos dejó enseñanzas inmensas. Recordarlo no es mirar solamente hacia atrás. Es asumir el compromiso de seguir defendiendo la soberanía nacional, la dignidad del pueblo argentino y el derecho de nuestra patria a vivir con justicia, felicidad y alegría.