En un contexto en Argentina donde el Servicio Meteorológico Nacional esta siendo desmantelado por la gestionón actual, el fenómeno de El Niño vuelve a encender alertas globales, esta vez con proyecciones que lo ubican potencialmente entre los más intensos registrados en más de un siglo. Modelos recientes del Centro Europeo de Predicciones Meteorológicas a Medio Plazo advierten que su evolución podría no solo alterar patrones climáticos regionales, sino también empujar la temperatura media del planeta hacia nuevos récords, con efectos que se extenderían al menos hasta 2027. Como será posible que tengamos alertas tempranas sin nuestro instituto nacional SMN.
Según estos análisis, crece la probabilidad de un “súper El Niño”, caracterizado por un calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial superior a los 2°C por encima de lo normal. Este incremento térmico no queda aislado: activa una respuesta atmosférica que modifica lluvias, vientos y temperaturas a escala global. En eventos de esta magnitud —que suelen darse cada 10 a 15 años— los impactos tienden a ser más intensos, prolongados y difíciles de prever con exactitud.
Las comparaciones ya apuntan a referencias históricas como los episodios de 1982-83, 1997-98 y 2015-16, este último considerado uno de los más fuertes, cuando el océano alcanzó anomalías cercanas a los 2,8°C. Sin embargo, el contexto actual introduce una variable decisiva: el calentamiento global. La acumulación de gases de efecto invernadero limita la capacidad del sistema climático para disipar el calor adicional liberado durante estos eventos, amplificando sus consecuencias.
El impacto esperado no será uniforme. Regiones del oeste de Estados Unidos, Europa, África e India podrían enfrentar veranos más calurosos de lo habitual, mientras que zonas tropicales como el Caribe e Indonesia se exponen a sequías más severas. En contraste, partes de Sudamérica —incluyendo Perú y Ecuador— podrían registrar lluvias intensas e inundaciones.
A nivel oceánico, el patrón también se invierte: se prevé menor actividad de huracanes en el Atlántico, pero mayor frecuencia e intensidad en el Pacífico, afectando áreas como Asia oriental y algunas islas del Pacífico. En paralelo, se anticipa un aumento en la frecuencia de olas de calor en amplias regiones del planeta.
Uno de los puntos más sensibles es el impacto sobre la producción agrícola. Alteraciones en los regímenes de lluvias —como posibles fallas en el monzón de la India— podrían repercutir directamente en los rendimientos y en la seguridad alimentaria global.
Aunque los modelos coinciden en una tendencia hacia un evento potente, los especialistas advierten que aún existe incertidumbre sobre su intensidad final. No hay dos episodios de El Niño idénticos, y su comportamiento en un planeta más cálido introduce dinámicas nuevas.
Lo que sí parece consolidarse es una tendencia: los eventos intensos de El Niño actúan como un “salto” en las curvas de temperatura global. Si este escenario se confirma, 2027 podría convertirse en un nuevo punto máximo en los registros climáticos, reforzando una señal que ya no es episódica, sino estructural.
La gestion de Milei desoye el cambio climático, desmantela el Servicio Meteorológico Nacional y cuando comienze el fenómeno de El Niño, será demasiado tarde, sin alertas certeras con datos locales, sin previsión y con peligro para toda la población.

