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abril 23, 2026

¿Qué más de corrupción están tratando de esconder?

El Gobierno restringe el acceso de la prensa a la Casa Rosada en medio de denuncias y sospechas

En una decisión de fuerte impacto institucional, el presidente Javier Milei ordenó impedir el ingreso de periodistas acreditados a la Casa Rosada, en un contexto atravesado por denuncias de corrupción que involucran a funcionarios de su administración. La medida, ejecutada sin explicaciones claras y con argumentos difusos, refuerza las críticas sobre un creciente enfrentamiento oficial con el periodismo.

Desde temprano, efectivos policiales y personal de Casa Militar bloquearon el acceso habitual por Balcarce 24. A los trabajadores de prensa se les informó que no podrían ingresar ni siquiera a retirar sus pertenencias. La justificación informal apuntó a una supuesta revisión de seguridad vinculada a un caso de “espionaje ilegal”, aunque sin precisiones ni detalles verificables.

La decisión llega después de una serie de investigaciones periodísticas que expusieron presuntas irregularidades en el patrimonio de funcionarios y manejos internos del Gobierno, incluyendo denuncias que salpican al vocero presidencial Manuel Adorni. En lugar de responder a esos señalamientos, la reacción oficial ha sido escalar el conflicto con la prensa, con descalificaciones reiteradas desde el propio discurso presidencial.

El cierre de hecho de la sala de periodistas coincidió, además, con una reunión de alto perfil: el encuentro entre Milei y el empresario tecnológico Peter Thiel, uno de los nombres fuertes del ecosistema de Silicon Valley. La falta de cobertura periodística sobre una visita de este nivel —en la que podrían discutirse temas sensibles como inversiones en recursos estratégicos— alimenta sospechas sobre la intención de evitar el escrutinio público.

El argumento del “espionaje” remite a un informe televisivo en el que un periodista utilizó anteojos con cámara para registrar sectores de la Casa Rosada. Sin embargo, la respuesta oficial —retirar acreditaciones, promover denuncias penales y restringir el acceso a toda la prensa— resulta desproporcionada frente al hecho puntual, y abre interrogantes sobre el verdadero objetivo de la medida.

La causa judicial iniciada por Casa Militar quedó en manos del juez Ariel Lijo, bajo la figura de presunta divulgación de información sensible. Aun así, el Gobierno no explicó por qué una situación que consideraba grave desde el domingo derivó recién días después en una restricción generalizada, justo en coincidencia con una reunión clave fuera del alcance mediático.

El propio Presidente reforzó el tono confrontativo desde sus redes sociales, donde celebró la exclusión de periodistas con expresiones agraviantes. Este tipo de acciones no solo profundiza la tensión, sino que consolida una estrategia de confrontación que ya se volvió habitual en la gestión.

La medida también fue interpretada por distintos sectores como un intento de desviar la atención pública de otros problemas: denuncias de corrupción, internas dentro del oficialismo y un escenario económico complejo. En ese marco, la restricción al trabajo periodístico aparece más como una herramienta política que como una acción fundada en razones de seguridad.

La reacción no tardó en llegar. Legisladores de distintos bloques se presentaron en la Casa Rosada para expresar su rechazo y exigir explicaciones. Organizaciones como FOPEA y ADEPA advirtieron sobre la gravedad institucional de la medida, señalando que no existen antecedentes similares en democracia.

El episodio marca un punto de inflexión en la relación entre el Gobierno y la prensa. Cuando el acceso a la información pública se restringe y el periodismo es tratado como un adversario, lo que queda en juego es la calidad misma del sistema democrático.