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abril 21, 2026

A un año de la muerte de Francisco: el legado de un papado que puso el foco en la desigualdad, el ambiente y la reforma de la Iglesia

Este 21 de abril se cumple un año de la muerte del papa Francisco. Jorge Mario Bergoglio falleció el 21 de abril de 2025, a las 7.35 de la mañana, en la residencia de Santa Marta, en el Vaticano. La Santa Sede informó entonces que la causa fue un ACV, seguido de coma y colapso cardiovascular irreversible.

Primer pontífice argentino y latinoamericano de la historia, Francisco dejó una marca política, pastoral e institucional que excedió al mundo católico. Su papado estuvo atravesado por una agenda persistente sobre la pobreza, la exclusión social, las migraciones, el cuidado ambiental y la necesidad de una Iglesia menos cerrada sobre sí misma. En Evangelii gaudium cuestionó con dureza “una economía de exclusión”, en Laudato si’ instaló la idea de la ecología integral como eje moral y social, y en Fratelli tutti insistió en la fraternidad y el diálogo como respuesta frente a la fragmentación global.

En el plano eclesial, Francisco impulsó reformas que buscaron modificar prácticas históricas del Vaticano. Entre ellas, amplió la participación de laicos y mujeres en el proceso sinodal, habilitando incluso su voto en la asamblea del Sínodo, y promovió nuevas normas para enfrentar los abusos dentro de la Iglesia con documentos como Vos estis lux mundi. No resolvió todas las tensiones ni cerró debates internos, pero dejó instalada una dinámica de cambio que su sucesión ya no puede ignorar.

Su legado también quedó asociado a gestos concretos. La visita a Lesbos en 2016, en plena crisis de refugiados, fue una de las escenas más claras de su pontificado: allí volvió a plantear que los migrantes no son números sino personas con nombre, rostro e historia. Esa línea de acción sintetizó buena parte de su obra: una Iglesia con mayor intervención en los conflictos del presente y menos refugiada en la retórica.

Su relación con Argentina

La relación de Francisco con la Argentina estuvo marcada por una tensión permanente. Durante todo su pontificado nunca regresó al país, una ausencia que alimentó especulaciones políticas, reproches y debates sobre su vínculo con la dirigencia local. En ese marco, distintos sectores críticos, especialmente desde posiciones conservadoras y de derecha, lo cuestionaron por su afinidad con ideas asociadas a la justicia social y lo ubicaron cerca de la tradición peronista. Esa mirada acompañó durante años la lectura pública sobre su figura en su país de origen y volvió especialmente sensible cada gesto, cada audiencia y cada señal sobre una visita que finalmente no se concretó.

A un año de su muerte, el legado de Francisco sigue creciendo en la opinión pública, en la Iglesia y en la política internacional, donde muchas de las agendas que impulsó, como la pobreza, el ambiente, las migraciones y la paz, conservan vigencia.