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abril 15, 2026

Más inflación y la misma receta: Caputo insiste en que los argentinos “pongan los ahorros” mientras el poder adquisitivo sigue cayendo

El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a reconocer que la inflación mensual se ubicará por encima del 3%, un dato que confirma la dificultad del Gobierno para consolidar una desaceleración sostenida de los precios. Pero más allá del diagnóstico, lo que volvió a generar cuestionamientos fue la insistencia oficial en reclamar a la población que vuelque sus ahorros al sistema financiero, en un contexto de deterioro económico generalizado.

Caputo atribuyó la suba inflacionaria a factores como el impacto del petróleo en costos de transporte, tarifas y servicios, además de componentes estacionales como el inicio del ciclo educativo. Sin embargo, estas explicaciones no alcanzan a disipar la percepción de que la inflación sigue lejos de ser controlada, pese a las reiteradas promesas de un proceso de desinflación inminente.

El reconocimiento de que el índice superará el 3% se produce en un escenario donde los ingresos vienen perdiendo terreno de manera sostenida. Mientras el discurso oficial insiste en que “los próximos meses serán mejores”, los datos reflejan una economía que aún no logra estabilizar variables clave ni recomponer el poder de compra de la mayoría de la población.

En ese marco, el llamado del ministro a que los argentinos utilicen sus ahorros —los conocidos “dólares del colchón”— para dinamizar el mercado de capitales aparece, como mínimo, desconectado de la realidad social. En un país atravesado por recurrentes crisis financieras, la desconfianza hacia el sistema no es un dato menor, sino una experiencia acumulada que explica por qué gran parte de esos ahorros permanece fuera del circuito formal.

Desde el Gobierno sostienen que existen condiciones de “estabilidad macroeconómica” y que el ingreso de esos fondos permitiría impulsar inversiones, crédito productivo y desarrollo. Sin embargo, la contracara es una economía donde amplios sectores apenas logran sostener sus gastos básicos, lo que vuelve difícil imaginar un flujo significativo de capitales provenientes del ahorro doméstico.

El planteo oficial también expone una tensión evidente: mientras se promueve el ingreso de dinero al sistema financiero, no se ofrecen señales contundentes que reconstruyan la confianza perdida tras décadas de volatilidad, devaluaciones y cambios abruptos de reglas.

En definitiva, la combinación de una inflación que no cede al ritmo prometido y un pedido explícito a la población para que arriesgue sus ahorros vuelve a poner en discusión el enfoque económico del Gobierno. Más aún cuando ese llamado recae sobre una sociedad que, lejos de acumular excedentes, enfrenta un escenario de ajuste, incertidumbre y pérdida de ingresos reales.