Mientras las comparsas entraban al Corsódromo en Costa Surubí, un grupo de trabajadores despedidos de la histórica textil Alal se plantó en el acceso con un mensaje imposible de tapar con espuma: más de 260 familias dicen estar sin respuestas y sin cobrar lo que corresponde.
La protesta en la “noche grande” del carnaval
La manifestación fue el sábado 7 de febrero, en un horario de alta concurrencia, justo cuando el espectáculo estaba arrancando. No fue casualidad: buscaron visibilidad en el lugar donde la ciudad celebra. Según el relato de los propios trabajadores, los telegramas invocan “fuerza mayor” y problemas financieros, y la empresa habría ofrecido pagar solo el 50% de la indemnización amparándose en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo. Ellos rechazan ese encuadre y sostienen que no hubo procedimiento preventivo de crisis ni quiebra, por lo que reclaman el 100%.
Además, denunciaron que ya vencieron plazos de pago y que no cobraron ni siquiera ese 50% mencionado. El delegado de la AOT David González lo resumió sin poesía: “sin un peso”, con compañeros “sufriendo hambre”.
De la ruta al corsódromo: el conflicto escala y se vuelve social
La protesta en el carnaval llegó después de cortes en la Ruta Provincial 27 (acceso norte de Goya) para exigir el pago de indemnizaciones, mientras los despedidos esperaban una audiencia prevista para el miércoles siguiente.
El intendente Mariano Hormaechea reconoció públicamente la preocupación por la demora, remarcó que ni siquiera se habría abonado el primer tramo del 50% y advirtió el impacto directo en la economía local, con el ciclo escolar encima como presión adicional sobre los hogares. También se mencionó una audiencia en la Delegación de Trabajo de Goya para intentar destrabar la situación.
Qué dice la empresa y qué hace la política
En la cobertura local se consignó que, desde la empresa, atribuyeron el cierre a una combinación de importaciones (hilados, telas y hasta fardos de ropa usada), atraso cambiario y costos energéticos que volverían inviable competir.
En paralelo, el gobernador Juan Pablo Valdés dijo que el lunes 9 de febrero tiene prevista una reunión con el ministro de Economía Luis Caputo, con la crisis textil y forestal en agenda. En otras palabras: el conflicto ya dejó de ser “un problema de fábrica” y entró, tarde pero seguro, en la mesa política.
El contraste del sábado en Goya fue brutal y bastante educativo: adentro, una ciudad intentando sostener su temporada; afuera, trabajadores recordando que sin salarios no hay fiesta que dure. Si en los próximos días no aparece una salida concreta (pagos, acuerdos verificables, reconversión real), lo que hoy es un reclamo en la puerta del corsódromo puede convertirse en una crisis social más amplia en pleno NEA.

