Deuda para pagar deuda: otro salvataje de EE.UU. al Gobierno
El Gobierno argentino recibió un nuevo desembolso de 808 millones de dólares por parte del Tesoro de los Estados Unidos, fondos que serán utilizados para afrontar un vencimiento con el Fondo Monetario Internacional por un total de 833 millones. Se trata del tercer envío en apenas tres meses, una señal clara de la fragilidad financiera que atraviesa la administración de Javier Milei.
El giro, impulsado por la gestión de Donald Trump a través del Tesoro norteamericano que conduce Scott Bessent, vuelve a exponer una estrategia repetida: cubrir compromisos de deuda con más deuda. Aunque el Banco Central logró comprar divisas en las últimas semanas, el nivel de reservas sigue siendo insuficiente para cumplir con el cronograma de pagos sin asistencia externa.
De esta manera, el ministro de Economía, Luis Caputo, recurre nuevamente a un esquema ya conocido por la Argentina, cuya debilidad quedó demostrada en experiencias recientes. Los préstamos canalizados vía Derechos Especiales de Giro (DEG) funcionan como un parche financiero que evita el default inmediato, pero no resuelve los desequilibrios estructurales del programa económico.
Las reservas del Banco Central continúan en niveles críticos, reflejo de un modelo macroeconómico que depende crecientemente del endeudamiento externo. Con vencimientos cada vez más exigentes, el Gobierno opta por sumar nuevos compromisos para cubrir la falta de divisas, mientras estimula dinámicas que profundizan la salida de dólares, como la bicicleta financiera, el turismo al exterior y la dolarización de ahorros por parte de personas humanas.
Durante 2025, el salvataje financiero de Estados Unidos, los swaps con ese país y con China, y un nuevo acuerdo con el FMI permitieron evitar un colapso económico. Para este año, la apuesta oficial es recuperar el acceso a los mercados internacionales de crédito y reemplazar esas fuentes de financiamiento. En paralelo, crece la deuda privada vinculada a importaciones.
Sin embargo, la economía real sigue lejos de mostrar señales de recuperación. Lejos del “repunte en V” anunciado por el Gobierno, se multiplican los cierres de industrias, los despidos y las suspensiones laborales en distintos puntos del país.
El último Balance Cambiario publicado por el Banco Central confirmó un cuadro preocupante. En 2025, las cuentas más deficitarias fueron la formación de activos externos (FAE), el turismo y el pago de intereses de la deuda en moneda extranjera. Estas salidas de dólares solo pudieron compensarse gracias al superávit comercial —impulsado por liquidaciones anticipadas del agro— y al ingreso de nueva deuda.
Tras la eliminación del cepo cambiario en abril de 2025, la dolarización de ahorros se disparó. Entre abril y agosto, las compras de divisas promediaron 4.400 millones de dólares mensuales, mientras que en septiembre y octubre alcanzaron picos de 7.000 millones por mes. En total, la pérdida neta por esta vía fue de 32.000 millones de dólares, un récord en más de veinte años.
El déficit de la cuenta “servicios” rozó los 11.000 millones de dólares, impulsado principalmente por el turismo al exterior, que generó egresos por 7.200 millones. Se trata de una sangría de divisas escasas, destinada a consumos no esenciales, incentivados por el atraso cambiario que abarata los viajes fuera del país.
A esto se sumó una salida neta de 10.200 millones de dólares por el pago de intereses de la deuda externa, una cuenta que crece año tras año al ritmo del aumento del endeudamiento público y privado.
Si esta dinámica se mantiene, advierten los especialistas, el esquema se convertirá en una bola de nieve difícil de frenar, con pagos crecientes que presionarán cada vez más sobre las reservas. La historia económica argentina ofrece múltiples ejemplos de cómo esta dependencia termina derivando en crisis profundas, con fuertes costos sociales.
Aunque el ingreso de divisas por comercio exterior, préstamos financieros y otros flujos permitió sostener el equilibrio precario del sistema, el problema de fondo persiste: se acumula deuda para financiar salidas de dólares que el propio modelo promueve.
Como señala el último informe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), el sostenimiento del endeudamiento privado en moneda extranjera y la contención de la fuga de capitales son condiciones necesarias para que el Banco Central pueda seguir acumulando reservas sin romper el esquema cambiario. Sin embargo, esa estabilidad depende de factores cada vez más frágiles.
Mientras el Gobierno intenta “ganar tiempo” apostando al regreso a los mercados voluntarios de crédito, el reloj de la economía real corre más rápido. Salarios estancados, apertura importadora y costos en dólares asfixian a las empresas, generando más cierres y despidos. Para ese sector, el endeudamiento externo no es una solución: es parte central del problema.

