La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos sobre Venezuela este sábado 3 de enero de 2026 y el anuncio de Donald Trump de que Nicolás Maduro fue capturado y sacado del país desataron una ola de reacciones entre las principales potencias. En el eje del repudio aparece una idea común: el uso de la fuerza contra un Estado soberano y la captura de un jefe de Estado abren un precedente grave para el orden internacional.
China: “condena enérgica” y advertencia por la paz regional
China, una de las potencias centrales del tablero global, fue directa: dijo estar “profundamente conmocionada” y “condenó enérgicamente” el uso de la fuerza de EE.UU. contra un país soberano y contra “el presidente de un país”. Beijing sostuvo que la acción “viola el derecho internacional”, vulnera la soberanía venezolana y “amenaza la paz y la seguridad” en América Latina y el Caribe, y pidió a Washington que se ajuste a la Carta de la ONU.
Rusia y Europa: repudio por “agresión armada” y llamado a frenar la escalada
Rusia calificó lo ocurrido como un “acto de agresión armada” y reclamó evitar una escalada mayor, además de apoyar el pedido de una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. También insistió en que América Latina debe seguir siendo una “zona de paz” y que Venezuela debe poder definir su destino sin “interferencia militar externa”.

En Europa, la reacción combinó diagnóstico político con un límite jurídico. La Unión Europea reiteró que considera que Maduro “carece de legitimidad” y que respalda una transición pacífica, pero subrayó que “en toda circunstancia” deben respetarse el derecho internacional y la Carta de la ONU, y llamó a la contención.
Francia fue aún más explícita: su canciller sostuvo que la operación militar que derivó en la captura de Maduro viola el principio de no recurrir a la fuerza y remarcó que “ninguna solución política duradera” puede imponerse desde afuera.
Reino Unido, por su parte, buscó marcar distancia: el primer ministro Keir Starmer afirmó que su país “no estuvo involucrado”, dijo que primero quiere “establecer los hechos” y reiteró que se debe sostener el derecho internacional.
El trasfondo: la legalidad bajo fuego y el riesgo de un precedente global
Más allá de las diferencias geopolíticas (y de la simpatía o rechazo que genere Maduro), el punto que alarma a las potencias es el método. El propio recuento de reacciones compilado por Reuters muestra que varios gobiernos encuadraron el ataque como violación de la Carta de la ONU y como un precedente que habilita un mundo donde la fuerza reemplaza reglas, diplomacia y organismos multilaterales.
Y el hecho político que potencia el impacto es el núcleo del anuncio de Trump: no solo “strikes” o bombardeos, sino la captura y extracción del presidente venezolano, algo que Caracas dijo no poder corroborar plenamente en el momento y por lo que exigió “prueba de vida”.
Lo que queda en el aire, con olor a pólvora institucional: si una potencia se adjudica el derecho de atacar un Estado y llevarse a su jefe de Estado, el mensaje al resto del mundo es brutalmente simple. Las reglas pasan a ser opcionales. Y cuando las reglas son opcionales, lo que sigue suele ser bastante peor que un comunicado diplomático.

