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abril 20, 2026

América Latina se pronuncia sobre el ataque de EE.UU. en Venezuela: repudios, alerta fronteriza y apoyos aislados

La ofensiva militar de Estados Unidos sobre Venezuela, ocurrida el sábado 3 de enero de 2026, y el anuncio de Donald Trump sobre la captura y extracción del presidente Nicolás Maduro sacudieron a América Latina, la región más expuesta a cualquier escalada: por frontera, migración, comercio y estabilidad política. Mientras varios gobiernos denunciaron una violación de soberanía y del derecho internacional, un puñado celebró el golpe como “avance de la libertad”.

Repudio mayoritario: “línea inaceptable”, soberanía y Carta de la ONU

Brasil fue de los más duros. Luiz Inácio Lula da Silva dijo que EE.UU. cruzó “una línea inaceptable”, pidió una respuesta “enérgica” de Naciones Unidas y remarcó el riesgo de un precedente peligroso. Brasil incluso reunió de urgencia a su gabinete y Venezuela cerró la frontera con Brasil, afectando una ruta sensible para refugiados y operativos humanitarios.

Gustavo Petro presidente de Colombia.

Colombia, por su cercanía directa y el impacto inmediato, desplegó fuerzas armadas en la frontera ante el temor de un nuevo flujo de refugiados. Gustavo Petro condenó la acción como una violación de la soberanía venezolana y latinoamericana y empujó la idea de una sesión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.

En el mismo tono, México rechazó el uso de la fuerza y reclamó respeto a la Carta de la ONU. Chile y Uruguay también condenaron el ataque y pidieron desescalada y salida diplomática.

Presidente de México Claudia Sheinbaum.

Cuba, aliado histórico de Caracas, fue todavía más áspero: Miguel Díaz-Canel calificó el ataque como “terrorismo de Estado”, según el recuento periodístico internacional.

Apoyos y posiciones ambiguas: el bloque que aplaude y el que juega a dos puntas

Argentina y Ecuador quedaron del lado del aplauso: se consignó el respaldo público de Javier Milei y el apoyo del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, que presentaron la ofensiva como un golpe contra el autoritarismo.

Javier Milei y presidente ecuatoriano Daniel Noboa.


La foto regional que deja esto es simple y preocupante: cuando el hecho central es una intervención armada y la captura del jefe de Estado de un país, celebrarlo no es “opinión”, es legitimar el método.

Paraguay emitió un pronunciamiento con un equilibrio raro: reafirmó su “compromiso histórico” con la resolución pacífica de controversias, pero al mismo tiempo apuntó contra Maduro como “cabecilla” de una organización criminal (sin condenar de manera frontal la intervención).

Lo que está en juego para la región

Más allá de simpatías ideológicas, el núcleo del problema es el precedente: muchos gobiernos ven la ofensiva como una violación de soberanía y del derecho internacional.
Y América Latina lo siente antes que nadie: por desplazamientos de población, tensión militar en fronteras, polarización política y la posibilidad de que la “solución” vuelva a ser el músculo y no la diplomacia.

Porque si la región normaliza que una potencia ataque, capture y se lleve a un presidente, después no hay comunicado que arregle el desastre. Hay consecuencias. Y suelen venir con valijas, hambre y miedo.