Este viernes 26 de diciembre, el Senado debate el Presupuesto 2026 en lo que sería el cierre del período de sesiones extraordinarias. El oficialismo asegura tener los votos para aprobarlo en general, pero la votación en particular amenaza con trabarse por un punto sensible: el artículo 30, que impacta sobre educación y el sistema nacional de ciencia y tecnología.
Qué se define hoy y por qué la Casa Rosada lo necesita “sin cambios”
El Gobierno busca sancionar su primer presupuesto propio tras dos años de manejo más discrecional del gasto, y llegar a enero con la “ley de leyes” aprobada como señal hacia el mercado, en un contexto donde asoman vencimientos de deuda y la discusión financiera se recalienta. Distintas coberturas coinciden en que Economía pretende evitar modificaciones para no devolver el proyecto a Diputados y perder días clave.
En la misma sesión, además, el oficialismo pretende avanzar con la llamada ley de “inocencia fiscal”, presentada como un nuevo blanqueo para incentivar la exteriorización de ahorros.
El artículo 30: el nudo que puede hacer volver todo a Diputados
El foco está puesto en el artículo 30 porque la oposición peronista y parte de los bloques “dialoguistas” buscan voltearlo. Según lo publicado, el artículo implica derogar compromisos y metas de financiamiento, incluyendo el piso del 6% del PBI para educación y obligaciones de incremento progresivo para ciencia y técnica (con una meta de referencia a futuro), además de partidas vinculadas a escuelas técnicas.
La discusión no es solo “qué dice” el artículo, sino cómo se vota: si la Cámara habilita una votación más desagregada (artículo por artículo), el recorte queda más expuesto. Si se vota de forma más “en bloque”, el oficialismo busca blindarlo junto con el resto del paquete.
Radicalismo dividido, gobernadores enojados
El Gobierno cuenta a la UCR como aliada para la aprobación general, pero un sector del radicalismo aparece incómodo con acompañar un ajuste que pega directo en universidades, ciencia y educación. En paralelo, los gobernadores presionan por obra pública frenada y por deudas nacionales con provincias que no transfirieron sus cajas previsionales, un combo que mete ruido en cualquier conteo fino de votos.
Si el Senado modifica el texto, el Presupuesto vuelve a Diputados. Y ahí entra la rosca de calendario: se menciona como alternativa una sesión el 29 o 30 de diciembre, o directamente el 6 de enero, con necesidad de extender extraordinarias por decreto si se estira la discusión.
Si el Senado deja caer las metas de financiamiento, educación y ciencia quedan más libradas a la discrecionalidad del Gobierno. Y cuando eso pasa, en el NEA y el Litoral se traduce rápido: menos plata real, más recortes en universidades, becas y proyectos, y otro año arrancando con la soga al cuello.

