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abril 20, 2026

Universidad, salud y democracia: no se puede seguir así

Por Oscar Meza

Tras el resultado del 7 de septiembre en Buenos Aires, sostengo que el Gobierno nacional no mostró autocrítica y profundiza un rumbo que hiere a la educación y la salud públicas. Llamo a una oposición firme, cívica y democrática para defender las instituciones.

Lo que dejó el 7 de septiembre
El mensaje de las urnas fue claro. La ciudadanía se expresó y, lejos de una revisión honesta, el Presidente ratificó el mismo camino en las horas y días posteriores. No hubo reconocimiento de la derrota ni comprensión del mandato social. Esa negativa a escuchar reitera una dinámica que considero dañina para la vida institucional del país.

Universidad pública bajo presión
Referentes del sistema universitario lo vienen advirtiendo. El vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Germán Pinazo, habló del cinismo oficial ante reclamos legítimos y expuso datos que duelen: Con lo que se gasta en un mes, en el pago de los intereses de la deuda externa, podrían funcionar 10 años las universidades argentinas de todo el país. Y realmente son estadísticas que golpean, son estadísticas que lastiman.

También Nicolás Trotta recordó un antecedente oscuro: la intervención a las universidades en 1966, con la “Noche de los Bastones Largos” como símbolo de expulsión de talento. La comparación no pretende sobreactuar; señala una continuidad preocupante: asfixia presupuestaria, desprecio por el conocimiento y descalificación del que piensa distinto.
La universidad pública argentina fue el motor de ascenso social de generaciones enteras y el origen de profesionales reconocidos en el mundo. Cuidarla no es un privilegio de pocos, es garantizar derechos para muchos.

Salud y educación en conflicto
La tensión no se limita a las aulas. La salud pública también enfrenta recortes y desorganización. Ese malestar se traduce en paros y movilizaciones. Universidades y hospitales de referencia, como el Garrahan, reclamaron en estos días con un llamado amplio a la sociedad. Cuando educación y salud tocan fondo, la alarma deja de ser sectorial: es nacional.

Federalismo y ATN: el caso Chaco
La relación con las provincias es otro punto crítico. Los Aportes del Tesoro Nacional deben administrarse con criterios claros y federales. Valoro que la mayoría de los gobernadores haya mantenido una posición firme ante la Casa Rosada. Lamento, en cambio, que el gobernador de mi provincia, Leandro Zdero, se ubique en el lote que convalida esa subordinación. Hay ejemplos cercanos de otra actitud dentro del mismo signo partidario: Corrientes, con Gustavo Valdés, sostuvo una postura más firme y fue respaldado en las urnas.

La clase media y la escalera que no se puede romper
No hablo en abstracto. En familias como la mía, sin antecedentes universitarios, la educación pública convirtió a hijos y nietos en profesionales. Eso pasó en miles de hogares argentinos durante décadas. Esa escalera social la construyeron políticas de Estado de tradiciones populares como el radicalismo y el peronismo, desde la Reforma del 18 hasta la gratuidad universitaria. Si hoy se la desarma, no solo se pierde un presupuesto: se trunca un proyecto de país.

Qué propongo ahora
Defender la República no es un slogan: hoy significa oponerse de manera firme, pacífica y organizada a medidas que degradan instituciones y derechos. Nada justifica respuestas violentas ni escenarios de estallido. Se necesita conducción, serenidad y movilización cívica para que sea la democracia, y no la fuerza, la que corrija el rumbo. En octubre la sociedad volverá a expresarse. Si el gobierno insiste en ignorar ese mensaje, redoblaremos el compromiso ciudadano para poner límites dentro de la ley y la Constitución.