Mientras el presidente Javier Milei reafirma su cruzada por el “déficit cero” y reduce derechos bajo el argumento del ajuste fiscal, miles de familias en la Argentina viven el costo humano de esas decisiones. Entre ellas, la del arquero de Independiente, Rodrigo Rey, quien eligió no callar. En sus redes sociales, compartió un mensaje de su pareja, Laura Rey, luego de que el Ejecutivo vetara la Ley de Emergencia en Discapacidad aprobada por el Congreso.
Sin nombrar directamente al presidente, el texto de Laura deja en claro la indignación que atraviesa a miles de hogares que, como el suyo, conviven a diario con los desafíos que impone la neurodivergencia. Su hijo Beni tiene diagnóstico de autismo, y aunque la familia reconoce tener recursos para acompañarlo, el mensaje apunta a una realidad mucho más amplia: la de quienes no pueden acceder a tratamientos, educación ni asistencia básica. “Queremos dejarle una sociedad mejor… a Beni y a todos los que no pueden. Porque la empatía está en nuestro ADN. Así que tristemente, habrá que luchar”.
El veto presidencial, publicado en el Boletín Oficial, liquidó un proyecto que no solo declaraba la emergencia nacional en discapacidad hasta 2026, sino que además proponía medidas concretas: pensiones compatibles con trabajo formal, actualización automática de aranceles y una mayor protección a prestadores. El gobierno desestimó todo esto bajo el argumento del impacto fiscal, estimado en 2 billones de pesos para 2025. Milei fue explícito: “Vamos a vetar. Y si lo insisten, lo vamos a judicializar”. La política del látigo, disfrazada de Excel.
Desde el llano, la respuesta no llegó en comunicados partidarios ni en grandes discursos. Llegó desde una madre. Desde una familia que decidió hacer visible lo que muchos callan. “Los derechos humanos siempre por encima de cualquier política económica, de cualquier color político. Se están mezclando cuestiones. Está perfecto controlar y ordenar. Pero desentenderse de un derecho tan básico de la propia humanidad es inadmisible”.
Rodrigo Rey ya había enfrentado públicamente otras batallas en torno a la inclusión. El año pasado denunció que una institución educativa le negó a su hijo la reinscripción por su diagnóstico, evidencia del profundo desconocimiento que aún atraviesa al sistema. Y lejos de detenerse ahí, desde el club de Avellaneda impulsó campañas de concientización, incluso junto a Emiliano “Dibu” Martínez, con iniciativas como el “Kit Sensorial” del espacio “Rojo Inclusivo” en el estadio. Una acción concreta donde el Estado se ausenta.
Mientras desde el poder se ensaya un ajuste sin rostro, hay quienes le ponen nombre y cuerpo a la realidad que se busca tachar. En este caso, se llama Beni. Pero también se llama Mateo, Lucía, Joaquín o Sol. La discapacidad no puede caer en la grieta. No puede ser variable de ajuste. No puede quedar a merced del mercado. Porque los derechos no se vetan. Se garantizan.
Fuente: Infobae

