Mientras el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos supera los 5.000 millones de dólares en apenas un trimestre, el ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a apelar a su manual de justificaciones: lejos de reconocer un problema, calificó el alarmante desequilibrio externo como “sano y absolutamente razonable”.
La explicación fue presentada durante un congreso pyme en La Rural, donde el titular del Palacio de Hacienda instó a los empresarios a “cambiar el chip” y aceptar la lógica de un “modelo” que sigue sin mostrar resultados positivos para la economía real. Según Caputo, el desbalance es consecuencia del “crecimiento” de la actividad y la inversión, aunque los indicadores no convalidan ese diagnóstico: el consumo cae, la industria se retrae y los datos del INDEC muestran una economía en recesión.
El ministro destacó que, a diferencia de otras etapas, el déficit ya no financia al sector público sino al privado. Pero lo cierto es que, en cualquier economía, un rojo externo de esta magnitud anticipa tensiones cambiarias, especialmente si no está respaldado por flujos sostenibles de inversión o por un superávit fiscal real, que el propio Gobierno todavía no ha consolidado sin licuar jubilaciones y salarios.
Caputo intentó descalificar a economistas críticos como Carlos Melconian o Rodolfo Santángelo, quienes advierten sobre un tipo de cambio atrasado, señalando que “el dólar flota” y cualquiera que lo crea barato “puede ir y comprar”. Sin embargo, el cepo sigue vigente, las operaciones están intervenidas y el BCRA vende reservas a diario para evitar una devaluación. La libre flotación, una vez más, existe sólo en el discurso.
Para Caputo es “sano y hasta absolutamente razonable” el alarmante déficit en las arcas públicas. Es “sano y hasta absolutamente razonable” el desastre economico ?
Alineado con el ideario mileísta, Caputo repitió que la diferencia de esta etapa es que el ajuste lo paga el Estado. Pero el deterioro en salud, educación, obra pública y transferencias a provincias muestra que el costo lo están absorbiendo también las mayorías populares y los sectores productivos, que enfrentan caída de ventas, tasas por las nubes y un mercado interno en coma.
“Vamos a bajar impuestos, desregular y abrir la economía”, prometió, sin detallar cómo se sostendrá ese esquema con un frente externo frágil, inflación aún alta y un endeudamiento creciente con el Fondo Monetario. Tampoco explicó por qué ese “cambio de modelo” debía implicar aceptar como normal un déficit externo que en el pasado terminó en crisis recurrentes.
La apelación a un “único camino” revela más una imposición ideológica que una estrategia económica consistente. Mientras el relato oficial celebra ajustes y desequilibrios como virtudes, los datos duros muestran que la promesa de una economía ordenada todavía está lejos de concretarse. Y que detrás de cada “déficit sano”, puede esconderse la semilla de una nueva tormenta.
Fuente: Pagina12

