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noviembre 7, 2026

Ajuste y decepción. Según la consultora Equilibra, la pobreza ya supera los niveles previos a Milei

Después de casi tres años de recortes en obra pública, universidades, salarios, subsidios y fondos provinciales, Equilibra estima que el 45,4% de los argentinos vive en la pobreza. El resultado pone en discusión quiénes soportan los costos del ajuste y qué beneficios concretos está dejando el modelo económico.

¿Para qué sirvió el enorme esfuerzo económico que se les exigió a los argentinos desde diciembre de 2023? La pregunta cobra fuerza después de conocerse la última medición de la consultora Equilibra, que estima que la pobreza alcanzó al 45,4% durante el primer semestre de 2026, equivalente a unos 21,1 millones de personas.

Según su metodología alternativa, la pobreza ya supera los niveles del período en que Javier Milei llegó al Gobierno. En el semestre comprendido entre julio y diciembre de 2023, el indicador era del 44,1%. Casi tres años después, tras un fuerte ajuste del Estado, se encuentra 1,3 puntos porcentuales por encima de aquella referencia.

El resultado contrasta con el 32,3% informado por el INDEC, cuya serie oficial todavía muestra una reducción respecto de 2023, aunque también registra un nuevo aumento de la pobreza durante 2026.

Equilibra obtiene una cifra diferente porque actualiza la canasta básica con patrones de consumo de 2017/2018 y corrige problemas en la declaración de ingresos de los hogares. Su cálculo refleja una mayor incidencia de los servicios en los gastos familiares y plantea que la recuperación posterior a la crisis de 2024 fue menor a la reflejada por las estadísticas oficiales.

Un ajuste que alcanzó prácticamente a todo el Estado

El Gobierno redujo subsidios a la electricidad, el gas y el transporte, paralizó buena parte de la obra pública, recortó fondos para universidades, programas sociales y provincias, y disminuyó el gasto salarial mediante la reducción del empleo público y la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y el CONICET, las transferencias presupuestarias no automáticas a provincias y municipios se redujeron un 79% real respecto de 2023, mientras que las destinadas a obras públicas cayeron un 94%.

Las universidades nacionales también sufrieron fuertes recortes presupuestarios y pérdidas salariales. A esto se suman la eliminación del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), las restricciones a distintos programas públicos y el deterioro de la inversión vial.

En las rutas, por ejemplo, los argentinos siguen pagando el impuesto a los combustibles, mientras el presupuesto ejecutado por Vialidad Nacional permanece muy por debajo de los niveles anteriores al ajuste. El Estado recauda, pero una parte considerable de las obras y tareas de mantenimiento continúa postergada.

¿Quiénes pagan el ajuste y quiénes reciben los beneficios?

Mientras millones de familias afrontan tarifas más caras, menos subsidios y servicios públicos con presupuestos recortados, el Gobierno avanzó con beneficios tributarios para sectores de mayor capacidad económica. Entre ellos, la reducción de Bienes Personales, que alcanza a propietarios de patrimonios elevados, y la baja de retenciones, que favorece a los exportadores.

La combinación de ambas políticas tiene un efecto distributivo que merece atención. Se trasladan mayores costos a los hogares y se reducen recursos destinados a servicios públicos, mientras determinados sectores empresariales y propietarios de grandes patrimonios reciben alivios fiscales. Es una redistribución regresiva de las cargas económicas, aunque el ahorro presupuestario no se transfiera directamente a esos beneficiarios.

Al mismo tiempo, el Estado continúa afrontando compromisos financieros. La Oficina de Presupuesto del Congreso registró un incremento real del 28,2% en los pagos de intereses de la deuda durante los primeros nueve meses de 2026. Y pese al ajuste, Argentina acordó en 2025 un nuevo programa de financiamiento por 20.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional.

El Gobierno presenta estos esfuerzos como necesarios para estabilizar la economía. La inflación descendió considerablemente respecto de los niveles de fines de 2023, pero la medición de Equilibra plantea una dificultad para evaluar el resultado social. Después de casi tres años de sacrificios, la pobreza vuelve a superar el nivel que registraba cuando comenzó el cambio de rumbo económico.

El equilibrio fiscal no puede ser un fin en sí mismo

Milei convirtió el déficit cero en uno de los principios centrales de su programa. Mantener las cuentas públicas ordenadas es importante para evitar desequilibrios, controlar riesgos financieros y sostener la estabilidad. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que el equilibrio presupuestario permanente está lejos de ser una condición indispensable para el desarrollo.

Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional publicadas en abril de 2026, el conjunto de las economías avanzadas registraría este año un déficit fiscal equivalente al 5,2% de su PBI. Muchos de esos países sostienen sistemas de salud, educación, infraestructura y protección social con presupuestos deficitarios, aunque también enfrentan desafíos importantes por el crecimiento de sus deudas.

La mayoría de las grandes economías avanzadas funciona con déficits fiscales. Estados Unidos, la principal potencia económica mundial, mantiene una deuda pública cercana a los 40 billones de dólares y registra déficits anuales de enorme magnitud. Su capacidad de financiamiento es muy diferente de la argentina, pero el ejemplo demuestra que la prosperidad de un país depende de muchos más factores que el resultado de sus cuentas públicas.

La educación, la salud, la infraestructura, el empleo y la distribución del ingreso también forman parte de esa ecuación. Un presupuesto equilibrado puede contribuir a sostener esos objetivos, aunque por sí solo no garantiza mejores condiciones de vida.

En Argentina, el ajuste redujo gastos y permitió alcanzar resultados fiscales positivos. Sin embargo, después de casi tres años de recortes y nuevo endeudamiento, la medición de Equilibra vuelve a poner en discusión los resultados sociales del programa económico.

Porque de poco sirve exhibir las cuentas públicas equilibradas si, después de tanto sacrificio, el 45,4% de los argentinos sigue viviendo en la pobreza.