A pocos días de finalizar octubre, las consultoras privadas coinciden en una conclusión que genera preocupación fuera de los despachos oficiales: el proceso de desaceleración de la inflación volvió a frenarse. Los indicadores relevados durante las últimas semanas muestran que el índice de precios se mantiene prácticamente sin cambios respecto de septiembre, consolidando un escenario donde la prometida baja sostenida de la inflación sigue sin materializarse.
Las estimaciones ubican la inflación mensual en una franja que va del 1,8% al 2,1%, con un punto de convergencia cercano al 2%. El dato no representa una aceleración brusca, pero sí confirma que la reducción de precios que el Gobierno exhibía como uno de sus principales logros económicos perdió fuerza y permanece estancada desde hace varios meses.
En septiembre, el Índice de Precios al Consumidor había registrado un 1,9%, por encima del 1,7% de agosto. En términos acumulados, la inflación alcanzó el 23,6% en lo que va de 2026, mientras que la variación interanual llegó al 33,4%. Desde julio, el indicador mensual oscila alrededor del 2%, sin mostrar señales claras de perforar ese piso.
Los relevamientos de alimentos refuerzan ese diagnóstico. Analytica detectó una suba semanal del 0,8% y proyectó una inflación general del 2% para octubre. En paralelo, LCG registró un incremento del 0,5% durante la última semana medida y advirtió que ya se acumulan siete semanas consecutivas con aumentos. Su promedio móvil de cuatro semanas trepó al 3,8%, reflejando una dinámica que continúa generando presión sobre el índice general.
Por su parte, Eco Go estimó una inflación mensual del 1,8%, aunque destacó que el resultado fue contenido por la baja registrada en el rubro indumentaria. Sin esa corrección, el dato general habría sido superior.
Entre los factores que siguen impulsando los precios aparecen los alimentos frescos. Las verduras encabezaron las subas con incrementos superiores al 10% en algunas mediciones, mientras que las frutas también mostraron aumentos significativos. Aunque desde el oficialismo atribuyen parte de estos movimientos a cuestiones estacionales, los analistas remarcan que la cantidad de productos que efectivamente reducen sus precios continúa siendo mínima.
El Gobierno encuentra un argumento a favor en la evolución de la inflación núcleo, que pasó del 1,8% en agosto al 1,7% en septiembre. Sin embargo, la mejora es marginal frente a un objetivo mucho más ambicioso: quebrar definitivamente la barrera del 1,5% mensual y encaminarse hacia niveles cercanos al 1%.
Las proyecciones del mercado tampoco muestran un descenso contundente. Los pronósticos para el cierre de 2026 ubican la inflación acumulada en torno al 30%, apenas por debajo de los registros del año anterior. Incluso para los primeros meses de 2027, las estimaciones siguen ubicándose cerca del 1,6% mensual, muy lejos de los niveles que permitirían hablar de una estabilización consolidada.
En la Casa Rosada el panorama genera una creciente incomodidad. La recuperación económica continúa mostrando señales débiles y la lucha contra la inflación parece haber ingresado en una meseta difícil de romper. Mientras los precios permanecen anclados cerca del 2% mensual, la sensación de alivio que esperaba transmitir el Gobierno pierde fuerza entre los consumidores, que siguen enfrentando aumentos persistentes en productos esenciales. La desinflación, presentada durante meses como un proceso irreversible, vuelve a exhibir límites que la realidad económica se encarga de recordar.

