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mayo 13, 2026

La Corte Suprema quedó en condiciones de fallar contra el Gobierno por los fondos universitarios y crece la presión sobre Milei

La disputa entre el gobierno de Javier Milei y las universidades nacionales sumó un nuevo capítulo de máxima tensión política e institucional. La Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó en condiciones de resolución la causa vinculada al incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, una norma que el oficialismo intentó frenar desde su aprobación y cuya aplicación permanece parcialmente paralizada.

La decisión del máximo tribunal llega en medio de un creciente conflicto entre el Ejecutivo y el sistema universitario público, agravado por los recortes presupuestarios, el deterioro salarial y la fuerte movilización social que volvió a llenar las calles en defensa de la educación pública.

El centro de la discusión judicial gira alrededor de la Ley de Financiamiento Universitario, impulsada por el Congreso para garantizar actualización automática de partidas por inflación, recomposición salarial de docentes y no docentes, además de fondos específicos para becas, infraestructura y hospitales universitarios.

Sin embargo, desde el inicio el gobierno libertario buscó bloquear la norma. Primero mediante vetos parciales y luego limitando su aplicación efectiva dentro del Presupuesto 2026 y de distintas decisiones administrativas. La estrategia oficial apuntó a reducir al mínimo el impacto financiero de la ley bajo el argumento de preservar el “déficit cero”, aun cuando las universidades denuncian una situación crítica de funcionamiento.

El conflicto escaló cuando el Consejo Interuniversitario Nacional presentó una medida cautelar para exigir la transferencia de los fondos. Tanto en primera instancia como en Cámara, la Justicia falló a favor de las universidades y ordenó al Estado cumplir con la norma. Frente a eso, el Gobierno apeló ante la Corte Suprema alegando que ejecutar plenamente la ley provocaría un “grave e irreparable perjuicio” para las cuentas públicas.

Ahora, con el expediente listo para sentencia, todas las miradas apuntan a la próxima reunión de acuerdos del máximo tribunal. Entre las posibilidades más fuertes aparece que la Corte rechace directamente el recurso extraordinario del Gobierno mediante el artículo 280 del Código Procesal, dejando firme así la obligación del Ejecutivo de transferir los fondos retenidos.

La situación representa un fuerte desafío político para la administración de Milei, que quedó cada vez más enfrentada con amplios sectores de la comunidad educativa, científica y universitaria. Mientras miles de estudiantes, docentes e investigadores se movilizaban esta semana en Plaza de Mayo y en distintas ciudades del país, desde la Casa Rosada volvieron a descalificar la protesta y minimizaron el reclamo social.

El oficialismo insistió en presentar la Marcha Federal Universitaria como una supuesta “movilización política”, una estrategia discursiva que busca desacreditar un reclamo que ya trascendió ampliamente el ámbito partidario. Las críticas oficiales llegaron incluso mientras las universidades denuncian dificultades crecientes para sostener servicios básicos, investigaciones científicas, becas y funcionamiento académico.

El subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, sostuvo que detrás de la protesta existen sectores políticos que intentan “aprovechar” la situación. Sin embargo, desde las universidades responden que el conflicto es consecuencia directa del ajuste aplicado por el Gobierno y del congelamiento presupuestario frente a una inflación que continúa deteriorando salarios y partidas operativas.

En los hechos, el enfrentamiento ya excede lo estrictamente económico. La discusión se transformó en una pulseada política e ideológica sobre el rol del Estado, la educación pública y el financiamiento del sistema científico y universitario argentino.

Mientras el Gobierno insiste en sostener su programa de ajuste, las universidades advierten que el deterioro amenaza el funcionamiento de una de las estructuras académicas más importantes de América Latina. Y ahora será la Corte Suprema la que deberá decidir si el Ejecutivo puede seguir frenando una ley votada por el Congreso o si finalmente debe cumplir con las transferencias que miles de estudiantes y trabajadores universitarios reclaman desde hace meses.