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abril 20, 2026

Un prefecto correntino murió de un disparo en su puesto de guardia en Barranqueras y el caso se investiga como posible suicidio

Jerónimo de la Cruz Aguirre, ayudante de tercera de la Prefectura Naval Argentina y oriundo de Corrientes, murió mientras cumplía servicio en el acceso al puerto de Barranqueras. Según la información oficial difundida en las primeras actuaciones, el efectivo habría efectuado un disparo con su arma reglamentaria dentro del sanitario del puesto de guardia N° 1, por lo que la causa es investigada como un posible suicidio.

Tras lo ocurrido, se activó el sistema de emergencias 911 y al lugar acudieron personal de salud, efectivos de la Policía del Chaco y luego fuerzas federales convocadas para las actuaciones de rigor. El hecho ocurrió mientras Aguirre se encontraba en funciones dentro del destacamento ubicado en el ingreso al puerto.

La causa quedó en manos de la Fiscalía Federal de Resistencia, a cargo de Marcelo Burela, que dispuso la intervención del Escuadrón 51 “Fontana” de Gendarmería Nacional para avanzar con las pericias y el esclarecimiento del hecho. Hasta ahora no trascendieron conclusiones periciales definitivas ni una comunicación judicial más amplia sobre las circunstancias previas.

Aguirre era padre de dos hijos, un dato que agrega una dimensión humana ineludible a una noticia ya de por sí sensible. La muerte de un integrante de una fuerza federal dentro de su lugar de servicio impacta además por el contexto en que ocurrió y por las preguntas que vuelve a abrir sobre la situación del personal uniformado.

El episodio de Barranqueras se conoce además en un contexto de preocupación por otros suicidios recientes dentro de fuerzas armadas y de seguridad en la Argentina. En diciembre de 2025 se reportaron al menos tres casos en una semana dentro del ámbito militar, y en enero de 2026 se conoció otro hecho que reforzó esa alarma.

La muerte de Aguirre ocurrió dentro de una fuerza federal, en horario de servicio, con el arma reglamentaria y en el baño de su puesto de guardia. Cuando estos casos se repiten, debe sonar la alarma institucional para enfrentar una situación grave que el Estado y las conducciones de las fuerzas deberían detectar, contener y actuar a tiempo.