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abril 19, 2026

El consumo de carne cayó 10% en 2026 y el asado quedó todavía más lejos del bolsillo

En el primer trimestre del año, el consumo interno de carne vacuna retrocedió 10% frente al mismo período de 2025. El promedio por habitante quedó en 47,3 kilos anuales, el registro más bajo en más de 20 años, mientras crecieron las exportaciones y siguió la presión sobre la oferta local.

El consumo de carne vacuna volvió a caer en la Argentina y el dato confirma el deterioro del poder de compra en uno de los alimentos más sensibles para la mesa familiar. Entre enero y marzo de 2026, el mercado interno absorbió 512,8 mil toneladas y quedó 10% por debajo del mismo período del año pasado, según el último informe de CICCRA. El consumo anualizado por habitante se ubicó en 47,3 kilos, el nivel más bajo de las últimas dos décadas.

La caída se explica por una suba de precios que corre por encima de los ingresos. En marzo, el precio promedio relevado por el IPCVA en el AMBA aumentó 10,6% mensual y 68,6% interanual. Con ese ritmo, el ajuste lo hacen las familias: compran menos, bajan calidad o reemplazan con otras proteínas.

Exportar más también achica la mesa local

El cuadro de 2026 incluye otro factor clave: mientras el consumo interno cae, las exportaciones avanzan. CICCRA estimó que en el primer trimestre se enviaron al exterior 187,4 mil toneladas res con hueso, un 11,4% más que un año antes. En el primer bimestre, además, los embarques sumaron 83,55 mil toneladas peso producto y generaron ingresos por USD 618,67 millones, impulsados también por una mejora del precio promedio de exportación.

Ese movimiento mejora la facturación del sector exportador, pero también absorbe parte de una oferta que ya viene más corta. En el primer trimestre, la producción total de carne vacuna fue de 700,19 mil toneladas res con hueso, con una caída interanual de 5,1%. Traducido al mercado interno, hubo menos carne disponible y más competencia por ese volumen.

El problema es social antes que ganadero

Cuando la carne vacuna cae a estos niveles de consumo en la Argentina, el dato habla del ingreso real y del retroceso en la calidad de vida. El precio deja afuera a una parte creciente de la población de un alimento que durante años funcionó como consumo habitual y referencia de bienestar.

El mercado exportador celebra más ventas y mejores valores internacionales. El mercado interno, en cambio, expone salarios rezagados, mostradores más caros y familias que empiezan a mirar la carne como un gasto excepcional. Ahí está el núcleo del problema: el deterioro del poder de compra empuja fuera de la mesa un consumo que durante años fue parte de la vida cotidiana y deja al asado cada vez más lejos del bolsillo.