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abril 18, 2026

Tropas militares de Estados Unidos se desplegarán en Argentina

La autorización para el ingreso de tropas de Estados Unidos a territorio argentino reabre un debate sensible: hasta qué punto las decisiones del gobierno de Javier Milei implican cooperación internacional o una cesión de autonomía y soberanía.

Mediante un decreto publicado en el Boletín Oficial, la administración nacional habilitó el despliegue de fuerzas estadounidenses entre abril y junio para la realización de ejercicios conjuntos con las Fuerzas Armadas Argentinas. La medida se inscribe dentro de lo que el Ejecutivo define como “objetivos estratégicos”, una formulación amplia que evita precisar con claridad el alcance político y militar de estas operaciones.

El operativo central, denominado “Daga Atlántica”, prevé maniobras simultáneas en tierra, aire y mar, con actividad en puntos neurálgicos como la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea en Moreno. A esto se suma el ejercicio “PASSEX”, que incluirá la participación de unidades de peso de la marina estadounidense, entre ellas el portaaviones USS Nimitz y el destructor USS Gridley, operando dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina.

Más allá del lenguaje técnico que suele acompañar este tipo de acuerdos, el despliegue plantea interrogantes difíciles de eludir. La presencia de fuerzas extranjeras en áreas sensibles como el Atlántico Sur —una región atravesada por disputas geopolíticas y recursos estratégicos— no es un dato menor. Tampoco lo es la asimetría entre ambas estructuras militares, que convierte a Argentina en un socio subordinado dentro de un esquema diseñado, en gran medida, por Washington.

El Gobierno sostiene que estas maniobras buscan mejorar la coordinación operativa y fortalecer capacidades. Sin embargo, críticos de la medida advierten que el argumento de la “cooperación” suele encubrir un alineamiento automático en política exterior y defensa, reduciendo el margen de decisión soberana.

En ese contexto, la falta de debate público y parlamentario sobre el alcance real de estos ejercicios suma otro elemento de preocupación. La política de defensa, históricamente vinculada a consensos amplios y a la preservación de la soberanía, aparece aquí definida por decreto y bajo parámetros poco transparentes.

El trasfondo excede lo estrictamente militar. La decisión se inscribe en una estrategia más amplia de acercamiento político y económico a Estados Unidos, que el gobierno presenta como una oportunidad, pero que también expone a la Argentina a dinámicas globales donde su capacidad de negociación es limitada.

Así, lo que se anuncia como un simple ejercicio conjunto termina abriendo una discusión más profunda: qué lugar busca ocupar el país en el tablero internacional y a qué costo se construyen esas alianzas.

Fuente: UNO - Grupo América