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abril 20, 2026

Sturzenegger celebra la quita de derechos mientras crece el rechazo social

Con más de 300 heridos, 31 detenidos y 70 demorados tras la represión a manifestantes frente al Congreso, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, eligió celebrar la media sanción de la reforma laboral en el Senado como si se tratara de una victoria técnica y no de un retroceso histórico en materia de derechos.

El funcionario, uno de los principales arquitectos del proyecto, festejó los 42 votos afirmativos frente a 30 negativos y defendió sin matices una ley que habilita recortes salariales, amplía la jornada laboral y reduce herramientas de protección para los trabajadores.

En diálogo con Radio Mitre, Sturzenegger describió como “carancheo” a los mecanismos legales que permiten a empleados reclamar indemnizaciones o derechos vulnerados. Con ese término despectivo, se refirió a personas que —según su mirada— “viven de la relación laboral y le sacan recursos” al empleador. Para el ministro, limitar esos reclamos constituye un avance.

La segunda “gran línea” que destacó fue la flexibilización de la negociación colectiva. Cuestionó que existiera una “única negociación” para todas las provincias, calificándola de “rigidez” que, a su entender, obstaculizaba la creación de empleo. En los hechos, la reforma debilita la negociación centralizada y fragmenta las condiciones laborales, lo que podría derivar en una competencia a la baja entre jurisdicciones.

El tercer eje defendido por el ministro fue el combate a la llamada “industria del juicio”. Aseguró que la reforma no modifica la indemnización base —“un mes por año trabajado”—, pero sí limita la actualización y los criterios judiciales que podían incrementar los montos. “No vas a tener una sorpresa por ese lado”, afirmó, en referencia a la reducción de la discrecionalidad judicial.

Sin embargo, uno de los puntos más controvertidos del proyecto es el que habilita esquemas de jornada que pueden extenderse hasta 12 horas diarias bajo modalidades flexibles. Sturzenegger lo justificó con una apelación a la “diversidad, libertad y flexibilidad” que —según dijo— hoy demandan los trabajadores, minimizando el impacto que esas modificaciones pueden tener sobre la salud, la conciliación familiar y el poder de negociación individual frente al empleador.

Consultado sobre las críticas que señalan que la norma favorece a las empresas en detrimento de los trabajadores, el ministro evitó una respuesta de fondo: “Los que dicen eso no sé qué estarán defendiendo”, sostuvo, atribuyendo los cuestionamientos a una supuesta incomprensión de “las realidades del mercado laboral de hoy”.

Pero la frase que sintetizó el espíritu del nuevo marco legal fue otra. Al defender el artículo que permite pagar entre el 50% y el 75% del salario a trabajadores enfermos o lesionados —según el origen de la afección—, afirmó: “Si te lastimaste jugando al fútbol, tu jefe te puede pagar solo el 50%. Porque tu empleador no tiene nada que ver”.

La declaración no solo confirmó el alcance del recorte, sino que evidenció la lógica que atraviesa la reforma: trasladar riesgos al trabajador y reducir obligaciones empresarias bajo el argumento de modernización. Mientras el oficialismo habla de previsibilidad y competitividad, sindicatos y sectores opositores advierten que se trata de una transferencia de costos y de poder en favor del capital.

Con media sanción ya obtenida, el proyecto deberá enfrentar ahora el debate en Diputados. Afuera del recinto, el clima social mostró que la discusión está lejos de cerrarse.