Las expectativas del mercado comienzan a alejarse del relato oficial de la desinflación. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectó una inflación del 2,4% para enero, por encima del 2% que los propios analistas estimaban apenas un mes atrás. La corrección al alza confirma que, lejos de bajar de manera sostenida, la inflación muestra señales de aceleración.
A ese dato se suman las primeras mediciones privadas de febrero, que refuerzan el cambio de tendencia. La consultora LCG estimó que los precios de alimentos y bebidas aumentaron un 2,5% solo en los primeros cinco días del mes, un salto significativo para un rubro de alta incidencia en el índice general. La información fue anticipada por el periodista Pablo Wende y encendió nuevas alertas en el mercado.
El propio Banco Central admitió implícitamente este giro al convalidar en el REM una inflación de enero más alta que la prevista a fines del año pasado. Para los analistas, el dato deja en evidencia que el proceso inflacionario no está retrocediendo como sostiene el Gobierno, sino que comienza a desanclarse, con expectativas cada vez más frágiles.
“Comienzan a desanclarse las expectativas de inflación y los primeros datos de alta frecuencia de febrero confirman una aceleración de los precios en la primera semana del mes. A esto habrá que sumarle la desconfianza por la falta de independencia del INDEC”, advirtió el economista y ex diputado Martín Tetaz.
El fenómeno no se limita al Área Metropolitana. En Córdoba, los alimentos registraron en enero un aumento del 3,3%, contradiciendo otro de los argumentos oficiales que intentan minimizar la inflación afirmando que en el interior del país los precios suben menos que en el AMBA. Los datos provinciales muestran que la presión inflacionaria es generalizada y golpea con fuerza el consumo básico.
Este contexto ayuda a explicar la crisis política que se desató en el INDEC. Según coinciden analistas y fuentes del mercado, el ministro de Economía, Luis Caputo, intervino para frenar la publicación del nuevo índice de inflación, que habría arrojado un resultado superior al 3%. La maniobra derivó en la escandalosa renuncia de Marco Lavagna y en la decisión oficial de suspender primero, y luego descartar definitivamente, el nuevo sistema de medición.
Caputo justificó la medida argumentando que el nuevo índice estaba “desactualizado”, y resolvió continuar utilizando la canasta de consumo de 2004, una metodología que incluye bienes hoy obsoletos y que subestima los hábitos reales de consumo de la población. Para el mercado, la decisión no fue técnica sino política: evitar un dato que golpeara de lleno el relato de la desinflación.
La reacción financiera no tardó en llegar. Las acciones volvieron a caer, el riesgo país retomó una senda ascendente y se amplió la brecha entre la Argentina y otros mercados de la región. En Brasil, en contraste, la economía muestra mayor estabilidad y tasas de referencia que rondan el 15%, con un escenario percibido como más previsible por los inversores.
En conjunto, los datos del REM, las mediciones privadas y la crisis en el INDEC configuran un escenario que pone en duda la sostenibilidad del proceso de desinflación que el Gobierno exhibe como principal logro económico y abre interrogantes sobre la credibilidad de la política estadística y macroeconómica en los próximos meses.
Esta situación explica la desesperación de Caputo por impedir que el Indec publicara su nuevo índice, que provocó la escandalosa renuncia de Marco Lavagna. Luis "Toto" Caputo suspendió la aplicación del nuevo sistema de medición que iba a dar arriba del 3% y luego directamente lo eliminó bajo el argumento de que estaba desactualizado. Por eso decidió continuar con la canasta de 2004 que mide el precio del fax y los VHS.

